Lola se levantó a las cinco,
hizo unas hojaldres y el café
Sintonizó una emisora en la radio,
entonces comenzó a tejer
Zurció los sueños que tuvo desde niña,
remendando los momentos del ayer
Lola abrió la ventana,
cuando el alba empezaba a aparecer
Aspiro una bocanada de aire fresco,
percibiendo los aromas del vergel
Siguió dando sus puntadas al dedal,
recordando viejos amores del ayer
Lola se acostó a las veinte,
colgando su chinchorro en el aposento
La madeja quedó a medio desenrollar,
enmarañando adrede, de Lola los recuerdos
Lola jamás se volvió a despertar,
quedando inconclusa la hilada de sus sueños.
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Autor:
Antonio_cuello (
Offline) - Publicado: 26 de enero de 2026 a las 21:49
- Categoría: Triste
- Lecturas: 77
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, ElidethAbreu, Tommy Duque, El Hombre de la Rosa, William Contraponto, JUSTO ALDÚ, Mª Pilar Luna Calvo, Emilia🦋, WandaAngel, EmilianoDR, Aqua Marina, Mauro Enrique Lopez Z., Llaneza, Mael Lorens, rosi12

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Comentarios6
Querido Amigo Antonio, que hermoso poema y el final muy fuerte.
Recibe mis afectuosos abrazos.
Gracias, mi querida Elideth, por venir
Agradezco tu comentario, y si, un poco fuerte al final, pero salió así... no siempre los finales son felices
Saludos y una flor
Genial y precido tu versar estimado poeta y amigo Antonio_cuello
Saludos desde España
El Hombre de la Rosa
Agradecido contigo, mi estimado Críspulo, por venir a este sitio de letras
Me place mucho tu visita
Saludos y un abrazo grande
Este poema tiene la virtud de volver cotidiano lo sagrado. En Lola no hay heroísmo ruidoso, sino la épica silenciosa de tantas mujeres panameñas que sostienen la vida con gestos mínimos: el hojaldre caliente, el café temprano, la radio como compañía y el hilo como memoria.
La imagen del tejer es especialmente poderosa: Lola no cose telas, cose tiempo, zurce infancia, amores, rutinas, y lo hace sin nostalgia exagerada, con la naturalidad de quien ha aprendido a vivir sin reclamarle nada al día. El amanecer, el vergel, el chinchorro… todo construye un país íntimo, reconocible, profundamente nuestro.
El cierre es de una belleza contenida y dolorosa: la madeja inconclusa como símbolo de una vida que no necesitó terminarse para estar completa. Lola no despierta, pero tampoco se apaga; queda suspendida en esa hilada abierta que es la memoria colectiva. Un poema sencillo en apariencia, pero hondamente humano y panameño también pues acá les llamamos igual. hojaldres.
Ah, Bendito Justo...siempre tiene la peculiaridad de descifrar los embelecos de cualquier poema... diría yo, que es una virtud la de este cristiano, siempre siempre sabe donde escondo las palabras y las saca a la luz como si nada, y me deja al descubierto sin tener nada que decir... jajaja
Un abrazo, hermano panameño... recuerda siempre, que la vecindad nos hace crecer en amistad
Es triste el final y aun así conectado a la realidad, me gustó tu poema,abrazo
Gracias, mi apreciada Dulce, por venir a este lugar
Aprecio mucho la descripción que has hecho del poema... me agrada que te haya gustado
Saludos y una rosa
Así es la muerte, llega sin avisar, tal vez no quiso que Lola terminara de tejer.
Excelentes letras que llenas de tristeza quedaron inconclusas en la madeja.
Saludos Antonio_cuello
Agradecido con tu visita a mis letras, mi estimado Salvador
Valoro mucho tu comentario, estimado poeta
Saludos y un abrazo grande
Lola se acostó a las veinte,
colgando su chinchorro en el aposento
BELLAS LETRAS GRACIAS POR COMPARTIR BUEN MARTES
Gracias a ti por venir, mi apreciada Rosi
Mis deseos para que este día, todo vaya bien
Saludos y una rosa
GRACIAS IGUALMENTE
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