¿Quién gana si el lobo muerde
el aire con tal porfía,
y el llanto es la mercancía
que en el dolor se nos pierde?
No es el destino, ese ciego,
ni el azar en su vaivén;
el tirano gana el bien
en el miedo y en su fuego.
Alza muros de osamenta
del que cayó en el camino;
el mercader, con el vino
de la muerte, se alimenta.
Gana el olvido voraz
que la memoria devora,
y la ambición que no ignora
la frontera ni la paz.
Se nutre el mal del trofeo
de una trágica victoria,
mientras borra de la historia
al hombre en su bajeza y feo.
Tras el humo, la sospecha:
¿quién el sol y el rayo guía?
¿Qué voz calla todavía
mientras el mal se aprovecha?
Si es bondad, ¿por qué el horror?
Si es poder, ¿por qué el engaño?
¿Por qué permite este daño
un supremo hacedor?
Tal vez, en su calma pura,
nos mira como al enemigo:
un prisionero y testigo
de nuestra propia amargura.
¡El mal poder, no duda, en apoderarse de la paz, siempre!
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 25 de enero de 2026 a las 06:57
- Categoría: Sociopolítico
- Lecturas: 3

Offline)
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