Leoness

Mal, poder y la gran duda

¿Quién gana si el lobo muerde

el aire con tal porfía,

y el llanto es la mercancía

que en el dolor se nos pierde?

 

No es el destino, ese ciego,

ni el azar en su vaivén;

el tirano gana el bien

en el miedo y en su fuego.

 

Alza muros de osamenta

del que cayó en el camino;

el mercader, con el vino

de la muerte, se alimenta.

 

Gana el olvido voraz

que la memoria devora,

y la ambición que no ignora

la frontera ni la paz.

 

Se nutre el mal del trofeo

de una trágica victoria,

mientras borra de la historia

al hombre en su bajeza y feo.

 

Tras el humo, la sospecha:

¿quién el sol y el rayo guía?

¿Qué voz calla todavía

mientras el mal se aprovecha?

 

Si es bondad, ¿por qué el horror?

Si es poder, ¿por qué el engaño?

¿Por qué permite este daño

un supremo hacedor?

 

Tal vez, en su calma pura,

nos mira como al enemigo:

un prisionero y testigo

de nuestra propia amargura.

 

¡El mal poder, no duda, en apoderarse de la paz, siempre!