Tesoro en tarro de cristal
que no nos pertenece.
Aliento vital
que nos sostiene.
Ningún amarre
de nuestro puerto.
Llamados a ser libres,
como el viento.
Impiden que el cronómetro
se pare
antes de tiempo.
En el brillo de sus ojos
llevan el empuje
del afecto.
Gaviotas que vuelan alto.
El cielo no tiene dueño.
La felicidad para ellos
está en el empeño.
Audaces
como gladiadores.
Miran a la muerte
de frente.
Como esa niña
que camina sola
por las vías del tren,
huyendo del infierno.
Libro que se escribe
entre desvelos.
Hacen del destino
lucha compartida
para espantar el miedo.
La distancia
no pacta con el olvido.
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Autor:
callejero (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de enero de 2026 a las 15:05
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 24
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, CARMEN DIEZ TORÍO, Salvador Santoyo Sánchez, EmilianoDR, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
Gracias Lorenzo, este poema debería leerse a los hijos.
Saludos cordiales.
Gracias Emiliano por tus palabras. Tambien debieran leerlo los padres para evitar esa sensacion de "querer retenerlos". Abrazo
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