Tesoro en tarro de cristal
que no nos pertenece.
Aliento vital
que nos sostiene.
Ningún amarre
de nuestro puerto.
Llamados a ser libres,
como el viento.
Impiden que el cronómetro
se pare
antes de tiempo.
En el brillo de sus ojos
llevan el empuje
del afecto.
Gaviotas que vuelan alto.
El cielo no tiene dueño.
La felicidad para ellos
está en el empeño.
Audaces
como gladiadores.
Miran a la muerte
de frente.
Como esa niña
que camina sola
por las vías del tren,
huyendo del infierno.
Libro que se escribe
entre desvelos.
Hacen del destino
lucha compartida
para espantar el miedo.
La distancia
no pacta con el olvido.