Grazna el cuervo, la sombra se inclina,
en el filo del abismo el ser se disuelve,
no hay horizonte, la luz blanca nos domina,
y la mirada al invierno la tierra vuelve.
¡Oh, melancolía de la hora perfecta!
El amor fue el martillo, la forja, el fuego,
que esta finitud, de mi alma sedienta,
celebre el abrazo en el último juego.
Caigo como avalancha, sin peso, sin patria,
sediento de ser, me vuelvo torrente,
ya no soy yo, ni sombra, ni rastro,
soy el instante eterno, la lava ardiente.
En la noche helada, el amor se consuma,
fluye la vida en la pausa final,
donde el polvo, la luz y la pluma,
son uno en el caos, libre y mortal.
-
Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de enero de 2026 a las 13:20
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 49
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Nelaery, alicia perez hernandez, JUSTO ALDÚ, EmilianoDR, Mael Lorens, racsonando, kiry

Offline)
Comentarios2
Reflexivas palabras que se van sucediendo a lo largo del escrito, semejando a los eternos pensamientos que nos hacemos a lo largo de la vida.
Saludos.
Aquí construyes una atmósfera intensa desde el primer verso, apoyándose en imágenes oscuras y símbolos clásicos —el cuervo, el abismo, el invierno— que preparan al lector para un viaje hacia la disolución del yo. La melancolía no aparece como lamento, sino como un estado lúcido, casi necesario, que permite aceptar la finitud sin resistencia.
El amor, lejos de ser refugio, se presenta como fuerza transformadora: martillo, forja y fuego. Esa elección es clave, porque convierte el sentimiento en un agente que moldea y consume, no que consuela. En ese proceso, el hablante se despoja de identidad, de peso y de pertenencia, hasta fundirse con una energía más amplia y elemental.
Sobre el amor, la pérdida y la transformación final.
Saludos
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.