Hay días en que la ausencia no pesa:
solo está ahí, quieta,
como una silla vacía que ya forma parte del paisaje.
Pero otras veces —las más silenciosas—
se te sienta encima del pecho
y te obliga a recordar
que hubo un nombre que te sostuvo
y ya no está.
Al principio caminas con torpeza,
como si el mundo hubiera cambiado de gravedad.
Te sorprendes buscando gestos que ya no ocurren,
mirando hacia la puerta
con esa esperanza absurda
que solo entiende quien ha perdido.
Y sin embargo, el tiempo —
con su modo casi distraído—
empieza a hacer sitio.
No te cura,
no te promete nada.
Solo te acompaña mientras aprendes
a no romperte cada vez que respiras.
Un día descubres que puedes hablar de ello
sin que la voz se te quiebre,
que el recuerdo ya no muerde,
que la herida se ha vuelto una habitación
donde también cabe la ternura.
Y entiendes —por fin—
que la pérdida no se va,
pero deja de doler como antes.
Se vuelve latido suave,
sombra que no asusta,
forma distinta de amor
que te acompaña
sin cuerpo.
-
Autor:
Juan Roldan (
Online) - Publicado: 23 de enero de 2026 a las 04:17
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa

Online)
Comentarios1
Preciado y genial tu bello poema estimado poeta
Saludos de amistad desde España
El Hombre de la Rosa
Gracias por tú amabilidad.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.