La soledad no llega sola,
se arrastra,
se instala en el pecho
como un huésped sin nombre.
Se alimenta del silencio,
de las noches largas,
de las palabras que nunca dije
y de las miradas que no volvieron.
Me susurra que no soy falta,
que nadie nota mi ausencia,
y yo, cansado,
le cedo espacio en el alma.
Crece despacio,
como una raíz oscura,
bebiendo recuerdos,
dejando huecos donde hubo luz.
Pero aún así respiro,
con el parásito latiendo dentro,
porque incluso la soledad
necesita de alguien
para sobrevivir.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Online) - Publicado: 22 de enero de 2026 a las 17:02
- Categoría: Sin clasificar
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