Jhondy Algenys

ParĂ¡sito de la soledad

La soledad no llega sola,

se arrastra,

se instala en el pecho

como un huésped sin nombre.

Se alimenta del silencio,

de las noches largas,

de las palabras que nunca dije

y de las miradas que no volvieron.

Me susurra que no soy falta,

que nadie nota mi ausencia,

y yo, cansado,

le cedo espacio en el alma.

Crece despacio,

como una raíz oscura,

bebiendo recuerdos,

dejando huecos donde hubo luz.

Pero aún así respiro,

con el parásito latiendo dentro,

porque incluso la soledad

necesita de alguien

para sobrevivir.