YERNO, SOL DE INVIERNO

gaspar jover polo

YERNO, SOL DE INVIERNO

 

Por la tarde, en el mes de enero,
brilla un solecito amable,
poco intrépido en principio
aunque también solidario
con su diario lucir
que alumbra apenas la calle.
Su presencia es silenciosa
aunque atenta y davidosa;
solo ofrece lo que tiene
sin escatimar un ápice.
No aguanta mucho en lo alto,
se mueve en un valle estrecho
aunque siempre diligente
y sin faltar a su cita:
si voltean las campanas
ya se le ve en lontananza.
Solo en el cielo sin nubes,
no presume de su fuerza,
amante de los barbechos
y de los patios sin flores,
se desliza entre las nubes
sin marcar un territorio,
se aproxima dócilmente
y al transeúnte se ofrece.
Se lleva con todo el mundo,
y cada esquina es su espacio,
sol de enero, sol muy tibio,
es un seguro asidero
sin pretender mucho más.
El tiempo le va contando
horas, minutos, momentos
y, al final, lo deja todo
sin avisar previamente.
Su gracia está en su ternura
de animal de compañía,
en su poquito de fuerza,
en que acude a todas partes
sin intención de quedarse.
Una presencia sin fondo,
un calor que poco abarca
aunque se sienta solar.
Una fiesta religiosa
sin santo y sin bendiciones.
Poco dura su estrategia
pues se retira al momento
de ofrecer una ilusión.
Sin futuro y con un modesto presente, 
en la aurora se levanta
como aterido él también.
Ajeno a la controversia
que cunde a su alrededor
sobre su propio valor.

 

Gaspar Jover Polo

 

 

 

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