Estaba sobre mí mismo,
Y mis alas podían tocar mi latido,
Calaba un calmo calor,
En la oscuridad de mi ritmo.
Sin saber que soy ni porqué
Me confundo en húmeda sangre
Y al expandirme y romper cáscara
Se me revela a mi madre
Empujo una vez más las plumas
Y trino desesperado por comida
Ella me sacia con una lombriz
Me aferro con el pico a la vida.
Por un tiempo no entiendo más,
Sólo hambre y al verla, sosiego,
Ahora mis ojos no ven siquiera
Más allá del nido que ha hecho.
Pero un día me asomé fuera,
Estiré el cuello a lo desconocido,
Y me encandilaron sus verdes,
El sol empapado en el río.
Una tarde llegó mi madre,
Me instó a saltar sobre la rama,
Y arrastrándome fuera con brío,
Moviendo en lección sus alas.
Aguardó varios intentos,
Hasta que estuviese listo,
Y luego sin yo esperarlo,
Me empujó al abismo.
El puro terror me movió,
Hacia arriba con la corriente,
El aire tibio me acunaba,
Y me salvaba de repente.
Vi el fino borde del firmamento,
En un círculo de colores nuevos,
Y todo el mundo bajo mi vuelo,
Primerizo, frágil y pequeño.
Entonces escuché un estruendo,
y mi esencia llovió, estaba cayendo,
Mientras la luz de mis ojos se iba,
Pensé, oh, que hermoso es el cielo.
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Autor:
Francisco Seoane (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 22 de enero de 2026 a las 00:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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