La muerte no corre,
no grita,
no persigue.
Nos espera
con los brazos abiertos.
Abraza al rey y al mendigo
con la misma calma,
no pregunta nombres
ni recuerdos,
solo cierra el círculo.
A veces llega como descanso,
otras como ruptura,
pero siempre como verdad
que nadie puede discutir.
Nos toma cuando dormimos,
cuando luchamos,
cuando creemos tener tiempo,
y en su silencio
todo se vuelve igual.
No es cruel ni piadosa,
solo fiel.
Cumple lo que la vida promete
en voz baja.
Y al final,
cuando ya no queda orgullo ni miedo,
entendemos tarde
que ese abrazo inevitable
era lo único
que nos unía a todos.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Online) - Publicado: 21 de enero de 2026 a las 10:19
- Categoría: Sin clasificar
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