Jhondy Algenys

El abrazo de la muerte

La muerte no corre,

no grita,

no persigue.

Nos espera

con los brazos abiertos.

Abraza al rey y al mendigo

con la misma calma,

no pregunta nombres

ni recuerdos,

solo cierra el círculo.

A veces llega como descanso,

otras como ruptura,

pero siempre como verdad

que nadie puede discutir.

Nos toma cuando dormimos,

cuando luchamos,

cuando creemos tener tiempo,

y en su silencio

todo se vuelve igual.

No es cruel ni piadosa,

solo fiel.

Cumple lo que la vida promete

en voz baja.

Y al final,

cuando ya no queda orgullo ni miedo,

entendemos tarde

que ese abrazo inevitable

era lo único

que nos unía a todos.