Un guerrero

Ann Adler

No puedo luchar, no tengo armas,

y mis plegarias ya no son escuchadas.

 

¡Oh! Si tan solo supiera que hay alguien o algo de mi lado me calmaría, pero sé que no hay nadie.

Ni siquiera la vida.

Y eso que, no ha sido tan cruel conmigo como con los otros. 

Mi último recurso es, querido lector, pedirte que ores por mí.



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