No puedo luchar, no tengo armas,
y mis plegarias ya no son escuchadas.
¡Oh! Si tan solo supiera que hay alguien o algo de mi lado me calmaría, pero sé que no hay nadie.
Ni siquiera la vida.
Y eso que, no ha sido tan cruel conmigo como con los otros.
Mi último recurso es, querido lector, pedirte que ores por mí.