Rapsodia de fuego

Elizabeth Maldonado Manzanero

Me acosa la noche

con la urgencia de embriagarme de ti.

Esperanza rota,

boca seca de tus besos

y, empapada y loca,

ardiendo en los adentros

está la sed que con tu fuego

no deja de surgir.

 

Has crecido en estatura y peso:

me inundas,

desbordas la luna de mi cuerpo,

ocasionas estragos

que ni los siglos alcanzan

a resarcir.

 

Derramas las venas,

astillas la piel y el intelecto.

 

Titan de fuego: marcha lento

por la patria de mis poros

y contempla, plácido, los destrozos,

que sean ellos quienes acusen tu furia

y que al fin reposes sobre sus dolores,

que se calmen un poco los siniestros

y regresen a un solo cauce

los mares de mis ojos.

 

Coloso de fuego,

desata versos de silencio.

Tu voz, violín que rasga el viento,

espanta la nostalgia

que me quema dentro.

 

Lluvia fértil de tus dedos,

resucita a tiempo

sentimientos muertos.

 

Eres

la rapsodia de mi amor

de un solo tiempo

que ha marcado a lumbre

los compases de mi corazón

 

Toca el arpa del silencio,

haz vibrar la canción

que espanta la soledad de mi entierro.

Guitarra de cuerdas largas,

haz resurgir la esperanza

cantando el sueño…

 

Ya no hay palabras.

No me queda espejo

para engarzar en el todo

el espectáculo etéreo.

Para limpiar mis lágrimas,

bastan tus besos.

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