Soy un hombre que vive en constantes dualidades.
Vivo rompiéndome.
Como si el universo jugara con mis fronteras,
soy un mapa de astros opuestos,
una brújula sin norte.
Pertenezco a los soles que me consumen la piel
y me exigen fuerza;
y a las lunas que me acarician la sombra
y me reclaman vulnerabilidad.
Vivo en amaneceres donde no falto,
nadando desnudo en el mar, siendo cuerpo;
y en ocasos donde me abandono,
llorando con ellos los ríos, siendo alma.
Me habitan las canciones tristes
porque me sostienen la rabia
y me hablan sin mentirme;
y las películas alegres
porque me sostienen la esperanza
y me mienten sin lastimarme.
Adicto a los amores que duran un presente,
que me despiertan
y me obligan a vestir mil máscaras;
y a los desamores que saben a futuro,
que se quedan
y me obligan a dejar de ser lo que no quiero.
Mi identidad es un péndulo:
oscilando entre lo efímero y lo eterno,
entre lo que tengo
y lo que nunca pude ser.
Hay días en que me siento humano,
y otros en los que me siento espectro:
como si existiera por exceso
o por vacío;
un abanico infinito de contradicciones
multiplicado en posibilidades.
A veces no sé quién soy.
De verdad.
Me miro y veo alguien distinto según la hora,
según la piel que toco,
según el silencio que escucho.
Soy el conflicto constante,
aunque lo disimule bien.
Vivo atrapado donde la vida y la muerte
se sientan a conversar,
en mi pecho,
entre partes de mí
que no terminan de reconciliarse.
No sé si soy luz o sombra,
origen o ruina,
promesa o despedida.
Pero soy... esto.
Todo esto.
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Autor:
S. Druso (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 19 de enero de 2026 a las 22:37
- Categoría: Reflexión
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