S. Druso (Oscar Torrecillas)

Péndulo

Soy un hombre que vive en constantes dualidades.

Vivo rompiéndome. 

 

Como si el universo jugara con mis fronteras,

soy un mapa de astros opuestos,

una brújula sin norte. 

 

Pertenezco a los soles que me consumen la piel

y me exigen fuerza;

y a las lunas que me acarician la sombra

y me reclaman vulnerabilidad. 

 

Vivo en amaneceres donde no falto,

nadando desnudo en el mar, siendo cuerpo;

y en ocasos donde me abandono,

llorando con ellos los ríos, siendo alma. 

 

Me habitan las canciones tristes

porque me sostienen la rabia

y me hablan sin mentirme;

y las películas alegres

porque me sostienen la esperanza

y me mienten sin lastimarme. 

 

Adicto a los amores que duran un presente,

que me despiertan

y me obligan a vestir mil máscaras;

y a los desamores que saben a futuro,

que se quedan

y me obligan a dejar de ser lo que no quiero. 

 

Mi identidad es un péndulo:

oscilando entre lo efímero y lo eterno,

entre lo que tengo

y lo que nunca pude ser.

 

Hay días en que me siento humano,

y otros en los que me siento espectro:

como si existiera por exceso

o por vacío;

un abanico infinito de contradicciones

multiplicado en posibilidades. 

 

A veces no sé quién soy.

De verdad. 

Me miro y veo alguien distinto según la hora,

según la piel que toco,

según el silencio que escucho. 

 

Soy el conflicto constante,

aunque lo disimule bien.

Vivo atrapado donde la vida y la muerte

se sientan a conversar,

en mi pecho,

entre partes de mí

que no terminan de reconciliarse.

 

No sé si soy luz o sombra,

origen o ruina,

promesa o despedida. 

 

Pero soy... esto.

Todo esto.