Diálogo existencial

MIGUEL CARLOS VILLAR

Debajo de la única encina que aún conservaba las hojas me alcanzó una ráfaga de voces. Al principio no vi a nadie. Me detuve. La tierra parecía respirar. Afilé el oído.

 

  • Si sigo escarbando, decía una voz grave no llegaré al cielo, sino a lo contrario. Cada arañazo me acerca más al infierno que a la luz.
  • ¿Y qué esperabas? respondió otra, aguda y cansada. A mí me ocurre lo inverso. Por más que trepe, por más que suba a la copa del árbol más alto del bosque, jamás alcanzaré el cielo. Soy demasiado pequeño para que me tomen en serio allá arriba.

Me acerqué. Vi al topo, con la tierra aún fresca en el hocico, y al gnomo, sentado sobre una raíz, balanceando las piernas cortas como si midiera la distancia entre él y las nubes.

  • Nos hicieron tarde, continuó el topo. Cuando repartían alas, escaleras y estrellas, ya habían cerrado el taller.
  • O estaban distraídos, dijo el gnomo. La creación avanzó deprisa y a nosotros nos dejaron en borrador.

El topo resopló.

  • Y luego están los humanos. Caminan sobre mi casa como si fuera un error del terreno. Me aplastan la madriguera, me cortan el aire. No saben que debajo también se vive.
  • Al menos creen que existes, replicó el gnomo, con una risa seca. A mí me usan de chiste. Soy un adorno para cuentos infantiles, un sombrero puntiagudo para provocar risas. Y los adultos, me niegan. “Los gnomos no existen”, dicen.

El topo levantó el hocico hacia el árbol.

  • Mira esa encina. Aún no ha perdido las hojas. Quizá ella sí llegue al cielo.
  • No creo, dijo el gnomo. Pero al menos no se queja.

Hubo un silencio. Las hojas temblaron apenas, como si escucharan.

  • Tal vez el cielo no sea un lugar, murmuró el topo, sino una pausa cuando nadie te pisa.
  • O cuando alguien, aunque sea un paseante cualquiera, se detiene a escuchar, añadió el gnomo.

Sentí entonces que la conversación se apagaba. Seguí mi camino con cuidado, bordeando la encina, como quien aprende tarde dónde pisa.

 

(En días como estos de frío y fuertes heladas se ven muchas toperas, ya que los topos tienen que profundizar más en busca de lombrices e insectos. Es como si anunciaran un cambio del tiempo)

 

 

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Comentarios +

Comentarios2

  • Mª Pilar Luna Calvo

    Esa frase tuya de que quizás el cielo no es un lugar sino una pausa cuando nadie te pisa, me parece una genialidad, un saludo.

    • MIGUEL CARLOS VILLAR

      "Requete" muchísimas gracias por tu piropo.
      Saludo cordi

    • Lincol

      Un texto delicado y lleno de encanto que mezcla lo cotidiano con lo mágico. La conversación entre el topo y el gnomo invita a reflexionar sobre la invisibilidad, la humildad y la vida que sucede “debajo” de lo que parece importante. Hay una ternura y sabiduría en sus palabras: el cielo no siempre está arriba, a veces está en ser escuchado, en la pausa y en la atención silenciosa que damos a lo pequeño y sencillo. La última nota natural conecta la fantasía con el mundo real, cerrando con una sensación de armonía y observación atenta.

      Saludos.



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