La reliquia del hueso amargo

marco romero

 

El dolor es un perro fiel, ¿verdad?

 

Se acurruca en el hueco de tu estómago,

 

caliente y pesado,

 

el último hilo de seda que te une al fantasma.

 

Dices que no quieres sanar.

 

Y te entiendo.

 

Porque la cicatriz es lisa, es sorda, es de plástico,

pero la herida abierta... ¡Ah!

 

La herida todavía tiene voz.

 

Todavía grita el nombre de lo que se fue,

 

y en ese grito, ellos regresan por un instante,

 

con sus manos de polilla y sus promesas rotas.

 

Sanar se siente como un asesinato silencioso.

 

Como si al dejar de sangrar,

 

estuvieras borrando las huellas de sus pies en la nieve.

 

Tienes miedo de que, si el corazón deja de doler,

 

se convierta en una habitación vacía,

 

limpia, blanca, terrible,

donde ya no quede ni el olor de su tabaco

 

ni el eco de su risa de cristal.

 

Prefieres masticar el vidrio de la ausencia

 

porque al menos el sabor de la sangre es real.

 

Es tu comunión. Es tu cena sagrada.

 

"Si sufro, todavía existes", le dices a la sombra.

 

Pero escucha, pequeña muñeca de trapo:

 

el dolor no es la persona.

 

El dolor es solo el carcelero

 

que te mantiene encerrada en una tumba que no te pertenece.

 

 

m.c.d.r

  • Autor: m.c.d.r (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 19 de enero de 2026 a las 03:02
  • Comentario del autor sobre el poema: Me siento a la mesa con el dolor trenzado al cuello, como si fuera la única prenda que me queda para cubrir el frío y los cubiertos sollozan todo lo que yo no puedo llorar 😭 Acumulo el dolor hasta que ya no tengo espacio, y me rompo. Me deshago en pedazos de vidrio sobre la alfombra y, por primera vez, el aire entra donde antes solo había peso.
  • Categoría: Triste
  • Lecturas: 1
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