Una fachada de jazmines abraza la entrada,
En algún lugar de este mundo incierto,
Vive una casita bordeando el cerro,
Un farol encendido en medio del jardín,
Resopla y defiende la dicha que hay allí,
Silencio resguardado del frío de invierno.
Una luz tiembla a través del ventanal,
Es la pálida hoguera encendida de rubor,
La humilde columna de humo y candor,
Se eleva dichosa, ávida de soñar,
Y una gatita duerme en el alfeizar,
Contando en confianza al rocío su rumor.
Se oyen los pájaros cantar a la mañana,
El aroma a café baila en el viento,
Y juega con el vapor del pan casero,
El césped fresco, verde y frondoso,
Techo de tejas naranja fervoroso,
Y paredes azules, como mar austero.
La puerta es de madera de pino,
Labrada en relieves de flores silvestres,
Llamador de plata y da bienvenida un tapete,
La puerta hace un suave chirrido,
Invitando hacia un piso de parqué pulido,
Sillones, una mesita y cuadros en las paredes.
Junto a la ventana un mueble lleno de libros,
Ordenados por alfabeto y también por color,
Partituras apiladas junto a trabajos de investigación,
Cortinas que traslucen la noche y la luna,
Un techo que deja colar la dulce música de la lluvia,
En la habitación, cama tendida y prendido un velador.
Pasillito de ladrillo da al patio de atrás,
Protegido de las tormentas por un parral,
Un humilde asador al fondo y un tendal…
Al borde opuesto descansa un aljibe,
Bordado de azulejos celestes y grises,
Y custodiado por un valiente rosal.
En la cocina hay una cortina de muchos colores,
Llenos varios estantes de cosas de bazar,
Y varios moldes para cocinar el pan,
El horno murmura encendido y manso…
Este hogar es tibio como un abrazo,
Rinconcito del mundo al cual poder regresar…
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Autor:
Francisco Seoane (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 18 de enero de 2026 a las 07:38
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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