Francisco Seoane

Receta para un Hogar

Una fachada de jazmines abraza la entrada,

En algún lugar de este mundo incierto,

Vive una casita bordeando el cerro,

Un farol encendido en medio del jardín,

Resopla y defiende la dicha que hay allí,

Silencio resguardado del frío de invierno.

 

Una luz tiembla a través del ventanal,

Es la pálida hoguera encendida de rubor,

La humilde columna de humo y candor,

Se eleva dichosa, ávida de soñar,

Y una gatita duerme en el alfeizar,

Contando en confianza al rocío su rumor.

 

Se oyen los pájaros cantar a la mañana,

El aroma a café baila en el viento,

Y juega con el vapor del pan casero,

El césped fresco, verde y frondoso,

Techo de tejas naranja fervoroso,

Y paredes azules, como mar austero.

 

La puerta es de madera de pino,

Labrada en relieves de flores silvestres,

Llamador de plata y da bienvenida un tapete,

La puerta hace un suave chirrido,

Invitando hacia un piso de parqué pulido,

Sillones, una mesita y cuadros en las paredes.

 

Junto a la ventana un mueble lleno de libros,

Ordenados por alfabeto y también por color,

Partituras apiladas junto a trabajos de investigación,

Cortinas que traslucen la noche y la luna,

Un techo que deja colar la dulce música de la lluvia,

En la habitación, cama tendida y prendido un velador.

 

Pasillito de ladrillo da al patio de atrás,

Protegido de las tormentas por un parral,

Un humilde asador al fondo y un tendal…

Al borde opuesto descansa un aljibe,

Bordado de azulejos celestes y grises,

Y custodiado por un valiente rosal.

 

En la cocina hay una cortina de muchos colores,

Llenos varios estantes de cosas de bazar,

Y varios moldes para cocinar el pan,

El horno murmura encendido y manso…

Este hogar es tibio como un abrazo,

Rinconcito del mundo al cual poder regresar…