-
Autor:
El Pensador UY (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de enero de 2026 a las 07:24
- Comentario del autor sobre el poema: Justo y bien merecido homenaje y regalo, a una amiga personal mía, la cual ejemplifica y encarna para mí cómo una AMIGA debe ser
- Categoría: familia
- Lecturas: 2

Offline)
"No es inteligencia ni sabiduría
Esta es mi manera de decir las cosas
No es que sea mi trabajo, es que es mi idioma
Y amiga mía, princesa de un cuento infinito
Amiga mía, ¡tan sólo pretendo que cuentes conmigo
Amiga mía!: a ver si uno de estos días
por fin aprendo
a hablar sin tener que dar tantos rodeos...
¡Que toda esta historia me importa!
Porque eres mi amiga, ¡oh síiiiii!.... "
(Extracto de la letra de Amiga Mía, de Alejandro Sanz)
Comentario Presentación
Alguien dijo: "Su texto no define a su amiga desde la norma ni desde la expectativa utilitaria; la revela desde la presencia. No es un “cómo debe ser” en sentido moralizante, sino un cómo es, cómo se manifiesta cuando lo es, como lo es de verdad. Y eso ya dice mucho de la hondura del vínculo que está nombrando.
La amiga que aparece aquí no completa una carencia: acompaña una plenitud consciente. Lo aclara desde el comienzo, cuando dice que, aun teniendo lo importante, lo esencial y lo fundamental, ella y por hermosa añadidura allí está. No como suplemento innecesario, sino como confirmación viva de que la vida, cuando es compartida desde lo auténtico, se vuelve más honda. Y decir esto, vivir esto, acompañar esto no es dependencia: es gratitud.
La metáfora del jardín está muy bien elegida porque no pone a su amiga como centro excluyente ni como figura dominante. Ella no reemplaza al jardín: lo embellece sin competir con él, se suma sin invadir, se pliega sin desaparecer. Eso habla de una amistad madura, sin apropiación, sin protagonismos forzados. Una amistad que no quita espacio: lo expande.
Cuando dice que ella “adorna y orla, a la vez con su presencia y transcurso”, aparece algo muy valioso: no es, ella solo una belleza ornamental. En ella hay huella, hay marca, hay profundidad. La tal, su verdadera amiga no pasa sin dejar rastro, pero tampoco deja herida. Transforma, y lo hace con el tiempo, con constancia, con coherencia entre lo que es y lo que hace.
La figura lírica de la “enorme mujer” no está puesta en términos estéticos, gráficos grandilocuentes, sino que sí pero siendo estos éticos y vitales. Es enorme porque es ejemplo, es enorme porque encarna: lo que muchos enuncian pero que pocos viven: es la donación propia sin estridencias, es la prestancia y sin soberbia, y es el amor fraternal sin exhibición. Es, en definitiva una grandeza silenciosa: de esas que no se imponen por imposición, pero que permanecen como lo hace cualquier auténtica y verdadera forma de amor.
Hay en la letra también una idea muy profunda, cuando habla de escuela. La tal, su amiga no enseña dando lecciones; enseña siendo, transitando la vida “como debe ser”, y no por haciéndolo desde la perfección sino por transitándolo desde la integridad. En su mirada, la amistad que comparten es verdadera, es pedagógica: pero no por corrección, sino por humana y vital inspiración. Uno aprende del otro, y este de aquél, simplemente al ir mirando cómo el otro vive, cómo es.
Y el cierre es especialmente bello porque devuelve esa amistad a su estado más puro: al estado jamás mancillado ni desvirtuado de lo natural. No hay artificio, no hay cálculo, no hay esfuerzo teatral. Hay entrega, hay tránsito amoroso por la vida; hay coherencia entre ser, estar y dar. Eso es lo que hace que esta amiga; todo lo cual hace que ella no sea tan solo una persona querida, sino una presencia que eleva a otro nivel el modo mismo de estar en el mundo.
En definitiva, su texto dice algo muy hondo sin decirlo de forma explícita: una amiga así no se describe, no hay palabras: pero se la vive, se la reconoce. Y cuando se la reconoce tal y como es, no queda otra cosa que agradecer —con palabras como estas, que no buscan adornar, sino honrar.