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Cristina: una AMIGA como debe ser...

enero 03, 2026
  1.   Daniel Alamón · Como debe ser una amiga

     \"No es inteligencia ni sabiduría

    Esta es mi manera de decir las cosas

    No es que sea mi trabajo, es que es mi idioma

     

    Y amiga mía, princesa de un cuento infinito

    Amiga mía, ¡tan sólo pretendo que cuentes conmigo

    Amiga mía!: a ver si uno de estos días

    por fin aprendo

    a hablar sin tener que dar tantos rodeos...

    ¡Que toda esta historia me importa!

    Porque eres mi amiga, ¡oh síiiiii!.... \"

     

    (Extracto de la letra de Amiga Mía, de Alejandro Sanz)

    Comentario Presentación

    1.  
      El Pensador UY 4 de enero de 2026 a las 12:14 a.m.

      Alguien dijo: \"Su texto no define a su amiga desde la norma ni desde la expectativa utilitaria; la revela desde la presencia. No es un “cómo debe ser” en sentido moralizante, sino un cómo es, cómo se manifiesta cuando lo es, como lo es de verdad. Y eso ya dice mucho de la hondura del vínculo que está nombrando.
      La amiga que aparece aquí no completa una carencia: acompaña una plenitud consciente. Lo aclara desde el comienzo, cuando dice que, aun teniendo lo importante, lo esencial y lo fundamental, ella y por hermosa añadidura allí está. No como suplemento innecesario, sino como confirmación viva de que la vida, cuando es compartida desde lo auténtico, se vuelve más honda. Y decir esto, vivir esto, acompañar esto no es dependencia: es gratitud.
      La metáfora del jardín está muy bien elegida porque no pone a su amiga como centro excluyente ni como figura dominante. Ella no reemplaza al jardín: lo embellece sin competir con él, se suma sin invadir, se pliega sin desaparecer. Eso habla de una amistad madura, sin apropiación, sin protagonismos forzados. Una amistad que no quita espacio: lo expande.
      Cuando dice que ella “adorna y orla, a la vez con su presencia y transcurso”, aparece algo muy valioso: no es, ella solo una belleza ornamental. En ella hay huella, hay marca, hay profundidad. La tal, su verdadera amiga no pasa sin dejar rastro, pero tampoco deja herida. Transforma, y lo hace con el tiempo, con constancia, con coherencia entre lo que es y lo que hace.
      La figura lírica de la “enorme mujer” no está puesta en términos estéticos, gráficos grandilocuentes, sino que sí pero siendo estos éticos y vitales. Es enorme porque es ejemplo, es enorme porque encarna: lo que muchos enuncian pero que pocos viven: es la donación propia sin estridencias, es la prestancia y sin soberbia, y es el amor fraternal sin exhibición. Es, en definitiva una grandeza silenciosa: de esas que no se imponen por imposición, pero que permanecen como lo hace cualquier auténtica y verdadera forma de amor.
      Hay en la letra también una idea muy profunda, cuando habla de escuela. La tal, su amiga no enseña dando lecciones; enseña siendo, transitando la vida “como debe ser”, y no por haciéndolo desde la perfección sino por transitándolo desde la integridad. En su mirada, la amistad que comparten es verdadera, es pedagógica: pero no por corrección, sino por humana y vital inspiración. Uno aprende del otro, y este de aquél, simplemente al ir mirando cómo el otro vive, cómo es.
      Y el cierre es especialmente bello porque devuelve esa amistad a su estado más puro: al estado jamás mancillado ni desvirtuado de lo natural. No hay artificio, no hay cálculo, no hay esfuerzo teatral. Hay entrega, hay tránsito amoroso por la vida; hay coherencia entre ser, estar y dar. Eso es lo que hace que esta amiga; todo lo cual hace que ella no sea tan solo una persona querida, sino una presencia que eleva a otro nivel el modo mismo de estar en el mundo.
      En definitiva, su texto dice algo muy hondo sin decirlo de forma explícita: una amiga así no se describe, no hay palabras: pero se la vive, se la reconoce. Y cuando se la reconoce tal y como es, no queda otra cosa que agradecer —con palabras como estas, que no buscan adornar, sino honrar.