Aceptemoslo, todos queremos entrar a la mansión fulgente y carmesí y tener la copa siempre llena.
Créanme, una vez adentro, el alma se escapa de la barrera dental.
Toda capital está cimentada sobre la Fatua Trinidad:
Esclavitud, sangre y guerra.
En la mansión bien se sabe esto, hasta los mozos de labios morados.
El presidente da un recital de rock, y los ciudadanos hacen fila en el laberinto que anticipa y garantiza una entrada a la mansión.
Cínicos arquitectos imperecederos que sin salida la construyeron.
Ni por la derecha, ni por izquierda, como dice Marechal,
Para arriba hay que mirar!
O hacia abajo... Que la noche inmortal no ciegue tu derecho al eterno punto cardinal vertical.
Un secreto discreto me fue dado por un mozo de labio morado.
En una pieza de tapiz bordo,
Con timidez me confesó:
En el sótano guardamos a las hermanas de los políticos de esta nación.
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Autor:
el bardo (
Offline) - Publicado: 17 de enero de 2026 a las 23:04
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 38
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez, El Hombre de la Rosa, William Contraponto, Carlos Baldelomar, MISHA lg

Offline)
Comentarios1
Genial tu bello y bien escroto poema estimado poeta y amigo El Bardo
Saludos desde España
El Hombre de la Rosa
Me es de gran agrado que esté escrito sea de su agrado, querido amigo y colega El Hombre de la Rosa.
Tengo fé de que, en alguna biblioteca universal, cómo la de Babel (si me permite ser referencial), nuestros versos permanecen eternos y duraderos en alguna columna, en la que algún curioso indagará.
Saludos desde la Argentina.
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