el bardo

La Mansión

Aceptemoslo, todos queremos entrar a la mansión fulgente y carmesí y tener la copa siempre llena. 
Créanme, una vez adentro, el alma se escapa de la barrera dental.

Toda capital está cimentada sobre la Fatua Trinidad: 
Esclavitud, sangre y guerra.
En la mansión bien se sabe esto, hasta los mozos de labios morados.

El presidente da un recital de rock, y los ciudadanos hacen fila en el laberinto que anticipa y garantiza una entrada a la mansión.
Cínicos arquitectos imperecederos que sin salida la construyeron.

Ni por la derecha, ni por izquierda, como dice Marechal,
Para arriba hay que mirar!
O hacia abajo... Que la noche inmortal no ciegue tu derecho al eterno punto cardinal vertical.

Un secreto discreto me fue dado por un mozo de labio morado.
En una pieza de tapiz bordo,
Con timidez me confesó:
En el sótano guardamos a las hermanas de los políticos de esta nación.