Llegó sin nombre,
sin rostro,
pero con la certeza de un final.
No llamó a las puertas:
las derribó.
Las campanas se cansaron de llorar,
el aire se volvió espeso de despedidas
y la vida, tan frágil,
aprendió a caer en silencio.
Reyes y mendigos compartieron el polvo,
la fe tembló en manos vacías,
y el tiempo, cruel testigo,
contó cuerpos en lugar de días.
La muerte caminó como ley absoluta,
no cruel por odio,
sino justa en su indiferencia.
Su letalidad no gritaba:
cumplía.
Calles llenas de nombres borrados,
hogares con risas ausentes,
y la humanidad, de rodillas,
mirándose por primera vez sin máscaras.
Pero entre la podredumbre del miedo
y el aliento final de millones,
algo sobrevivió:
la memoria.
Porque la gran mortalidad no solo mata,
también recuerda al mundo
que la vida no es eterna,
y por eso,
cada latido
es un acto de resistencia.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Offline) - Publicado: 16 de enero de 2026 a las 21:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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