No fue el fuego.
Fue una fisura en la hora.
La mañana se inclinó apenas
y el mundo perdió equilibrio,
como una frase interrumpida.
La luz dejó de obedecer,
se volvió espesa,
aprendió a pasar sobre los cuerpos
sin tocarlos.
Algo —que no era vidrio ni metal—
atravesó el aire.
Tal vez el miedo
aprendiendo forma.
La muerte no descendió:
rauda penetró por la ventana
y se sentó a esperar
en el centro del día,
paciente
como una ley antigua.
El sonido se replegó.
Las sirenas no advertían:
recordaban.
Y el cielo,
de pronto,
ya no supo qué hacer con los pájaros.
Las casas cerraron su respiración.
El polvo subió
como sube una pregunta
sin respuesta.
Entonces el hombre,
cubierto de ceniza y tiempo,
entendió que vivir
era cruzar
una materia que cae
sin dejar rastro.
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Autor:
Rosario Bersabé (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de enero de 2026 a las 10:57
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 20
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Alqalat, Poesía Herética, JUSTO ALDÚ, Mauro Enrique Lopez Z., William Contraponto, Rafael Escobar, Alberto Escobar, alicia perez hernandez, Carlos Baldelomar, Classman

Offline)
Comentarios1
Una imaginería tan nuestra, tan de por aquí cerca... Un abrazo, Chari.
Muchas gracias, Alberto.
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