Rosario_Bersabe

Sin rastro

No fue el fuego.

 Fue una fisura en la hora.

 

La mañana se inclinó apenas

y el mundo perdió equilibrio,

como una frase interrumpida.

 

La luz dejó de obedecer,

se volvió espesa,

aprendió a pasar sobre los cuerpos

sin tocarlos.

 

Algo —que no era vidrio ni metal—

atravesó el aire.

Tal vez el miedo

aprendiendo forma.

 

La muerte no descendió:

rauda penetró por la ventana

y se sentó a esperar

en el centro del día,

paciente

como una ley antigua.

 

El sonido se replegó.

 

Las sirenas no advertían:

recordaban.

 

Y el cielo,

de pronto,

ya no supo qué hacer con los pájaros.

 

Las casas cerraron su respiración.

El polvo subió

como sube una pregunta

sin respuesta.

 

Entonces el hombre,

cubierto de ceniza y tiempo,

entendió que vivir

era cruzar

una materia que cae

sin dejar rastro.