La ocasión llegó un viernes, como llegan las malas ideas: con risas ajenas y alcohol barato.
A Anselmo se le ocurrió —porque a ciertas edades las ocurrencias son deportes extremos— ir a “celebrar con los muchachos”. Nada grave, pensó. Un brindis, dos anécdotas repetidas, tres canciones que ya nadie baila… y de regreso al faro, a Elena, al puerto seguro.
Dejó a su pareja en casa con un beso apresurado, de esos que prometen capítulos que nunca se escriben. Elena se quedó con el café enfriándose y una expectativa que bostezaba húmeda en sus entrepiernas. Anselmo, en cambio, salió con la testosterona peinada hacia atrás y el espíritu convencido de que aún era material de fiesta.
La celebración se desvió pronto.
Brindaron por la juventud perdida, por los divorcios bien llevados, por las rodillas que ya no responden, pero el orgullo sí. Anselmo bebía como si el reloj estuviera de su lado. Cada trago era una victoria contra el calendario viejo que tanto odiaba. A las dos de la mañana ya hablaba en diminutivos, abrazaba enemigos históricos y juraba que Black Sabbath también se podía bailar lento.
Llegó tarde. Llegó ebrio. Llegó convencido de haber llegado temprano.
Se desplomó en la cama como un héroe derrotado por su propia espada. El mundo giraba, Ozzy murmuraba desde un recuerdo lejano, y entonces ocurrió: el sueño. O la pesadilla. O el castigo poético.
Anselmo empezó a escuchar quejiditos. No los de Elena, otros.
Lejanos, insistentes, sospechosamente entusiastas.
En su "duermevela" vio sombras, risas apagadas, un fuego que alguien —no él— estaba apagando con pericia y dedicación. Su inconsciente, cruel director de teatro, le mostró a Elena convertida en incendio, buscando fósforos prestados en la madrugada.
—Eso no está pasando —balbuceó dormido, con la dignidad de un calcetín viejo—. Yo soy suficiente… creo… mañana…
Elena, despierta y silenciosa, lo miró llegar tarde al sueño y temprano al ridículo. No dijo nada. Aprendió, en esa madrugada larga, que algunos faros alumbran, pero no calientan, y que hay fuegos que no esperan jubilaciones emocionales.
A la mañana siguiente, Anselmo despertó con resaca, culpa y una intuición peligrosa: algo se había roto mientras él brindaba.
El amor, como los boleros que tanto le gustaban a Elena, no perdona los silencios mal cantados.
Y así, entre celebraciones inoportunas, sueños traicioneros y fuegos ajenos, la loca, loca historia de amor empezó a reírse de ellos… Sobre todo, de Anselmo, que aún no entendía que no todo lo que brilla en la noche es una fiesta.
Continuará…
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de enero de 2026 a las 06:59
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 46
- Usuarios favoritos de este poema: Alma Eterna, Carlos Baldelomar, LOURDES TARRATS, Hernán J. Moreyra, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., Poesía Herética, Lualpri, Anton C. Faya, Violeta, Javier Julián Enríquez, Rafael Escobar, Aqua Marina, William Contraponto, Jaime Correa, alicia perez hernandez, Mª Pilar Luna Calvo, Tommy Duque, racsonando, Llaneza, Lucía gómez, Freddy Kalvo, William26🫶, JoseAn100, Mael Lorens

Offline)
Comentarios11
Muy bueno, pobre Anselmo.. "No todo lo que brilla en la noche es una fiesta" grandes palabras.. a muchos en la vida les ha de suceder lo mismo... Gracias por la creación Justo.. muy buena!! Bello día para ti.
Muy ciertas tus palabras. Muchos no atienden su casa y piensan que todo anda bien. No digo que siempre pasa, ni que todas las mujeres son iguales, pero no es bueno dejar la puerta abierta a la posibilidad y a esa edad... Pobre Anselmo.
Gracias por tu visita y comentario.
Saludos
Me han gustado las dos partes mi estimado Justo.
Creo que siempre hay partes donde uno encuentra algo con que identificarse.
Esperaremos para leer la tercera entrega.
Un abrazo desde El Salvador.
Gracias Carlos por tu visita y comentario. Por ahí viene la tercera entrega.
Siempre es un placer leer tus comentarios
Saludos
Querido Justo, amigo de letras y caminos…
Leí tu historia como quien encuentra una botella de ron olvidada en el fondo de la alacena: dulce, fuerte y con resaca emocional garantizada. Anselmo me resultó entrañable en su patetismo. Es como ese tío que aún cree que puede bailar rock and roll sin consecuencias... y acaba filosofando con el perro a las cuatro de la mañana.
Me reí, sí. Pero también me quedé pensando en esas brasas mal atendidas que, tarde o temprano, buscan otro fósforo: como la vejez emocional de Anselmo disfrazada de juventud prestada. Elena no necesitó discursos: solo un silencio afilado y un café frío para enseñar más que mil regaños. Eso duele. Pero qué bien escrito duele más.
Gracias por recordarnos —con humor, con estilo— que hay fuegos que no esperan y faros que iluminan, pero no dan abrigo. Y que cuando uno dice “solo un rato con los muchachos”, debe revisar si lo que va a perder pesa más que lo que va a brindar.
Quedo atenta a ese “continuará…” porque necesito saber si Anselmo aprende... o si termina bailando boleros con el remordimiento.
Recibes un abrazo bien merecido.
—LOURDES
Poetas somos…
Querida Lourdes, compañera de letras y de brindis imaginarios:
Qué alegría leerte. Tu comentario llegó como ese sorbo de ron bien servido: cálido, punzante y con verdad en el fondo del vaso. Gracias por mirar a Anselmo con esa mezcla de risa y lucidez; así es como mejor se le entiende, entre lo entrañable y lo torpemente humano.
Me encantó esa imagen del tío que baila rock and roll sin consecuencias… porque Anselmo cree, de verdad, que el cuerpo y el alma firman los mismos contratos, y ahí está su trampa. Has leído justo donde arde: en esas brasas mal cuidadas que no se apagan, solo cambian de incendio. Y sí, Elena habla más con el café frío que con cualquier reproche; hay silencios que son bisturí.
Gracias por sentir el golpe y agradecer la herida bien escrita. Prometo que el “continuará” no será indulgente: Anselmo tendrá que mirarse al espejo… o aprender a bailar boleros con el remordimiento, como bien dices, que también es una forma de ritmo.
Un abrazo grande, sincero y sin resaca.
¿Cuántos "premios de literatura" te he ya otorgado?
Deja algo para los demas....
Un grande abrazo.
Saludos a mi amiga Diana. Marc te manda saludos también.
jejeje. No seas así amiga. Gracias, te lo agradezco mucho.
Saludos
Genial y preciosa prosa literaria estimado poeta y amigo Panameño Justo Aldú
Saludos de críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias amigo por tu comentario.
Saludos
Bueno Justo , para cuándo la tercera???? Jajaja
Cuanta verdad eso de no dejar la puerta abierta!
Dicen que la ocasión hace al ladrón! 🤷🏻♂️
Un abrazo y aquí quedo esperando la próxima.
Muchas gracias amigo Luis por tu comentario,
Saludos
Muy bien Justo espero la continuación.
Como no, pronto saldrá a la luz.
Gracias por comentar
Saludos
Pobre Anselmo
Quedó a la espera de la continuación 😃
Saludos poeta!
Muchas gracias por su amable atención y comentario.
Saludos
Esta narrativa explora el declive emocional de una pareja provocado por la inmadurez y el descuido de un hombre llamado Anselmo. Tras una noche de exceso de alcohol y nostalgia forzada con amigos, el protagonista regresa a casa derrotado, ignorando las necesidades afectivas de su pareja, Elena. Mientras él se sumerge en un sueño ebrio, ella enfrenta la insatisfacción y el desapego, comprendiendo que el fuego de su relación se está extinguiendo. Utilizas la infidelidad imaginaria y la culpa de la resaca para ilustrar una ruptura interna profunda. Al final, la historia sugiere que el orgullo masculino y la falta de atención han transformado su romance en una burla trágica.
¡Muy bien, vamos con esa continuación!
Amigo, te agradezco de corazón la lectura atenta y el pulso crítico con que abordas la narrativa. Tu análisis es lúcido y certero: has sabido entrar en la grieta emocional del texto y nombrar, sin estridencias, ese desgaste silencioso que convierte el amor en costumbre y luego en ruina. La forma en que señalas la inmadurez de Anselmo y el cansancio íntimo de Elena revela una comprensión profunda de los personajes y de sus sombras.
Celebro especialmente cómo lees la culpa, la resaca moral y la infidelidad imaginada como síntomas de una fractura mayor: ahí el relato respira y duele. Gracias por tu opinión clara y honesta; comentarios así no solo acompañan el texto, lo empujan a seguir caminando.
Vamos, entonces, con esa continuación. 🌒📖
Jajajaja...con una historia narrada con ese don que tú tienes, se le termina aplaudiendo al cornudo...jajajaja. Eres inmenso mi hermano. Llevar al lector a vivenciar la escena no es de muchos, es de pocos y, la verdad, tú eres uno de ellos. No lo digo por adulación porque sería faltar al respeto, lo digo porque esa es mi particular apreciación y valoración sincera.
Un abrazo fraterno.
Jajajaja… ¡así cualquiera se deja poner los cuernos con dignidad literaria! 😂
Gracias, hermano, por esa carcajada cómplice y por la generosidad de tus palabras. Si el lector termina aplaudiendo al cornudo es porque algo se logró: que la escena respirara, que doliera con cierta elegancia y que la ironía hiciera su trabajo sucio sin pedir permiso.
Aprecio de veras tu lectura honesta, de esas que no adornan ni suavizan, sino que dicen lo que ven y lo sienten. Que lo digas sin adulación —como bien señalas— le da más peso, más verdad… y más ánimo para seguir empujando historias al borde del abismo.
Un abrazo grande, de esos que mezclan risa, literatura y complicidad fraterna. 📚🤝
Saludos
Más...más...quierooooooo...máááássssss😵😵💫
Este comercial de 24 horas se me hace largo...espero la continuación...
Mientras voy para la refrigerador a ver que pesco...
Saludo amigo y vecino.
Un placer tu estancia y lectura William26, aquí te espero con la historia ya concluida.
Saludos vecino.
Jaja
Vaya. Voy por la tercera parte. Gracias. Jose Ángel
Como no amigo. Ya está completa y publicado el fin de la historia.
Saludos
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.