El libro de los abrojos I

racsonando

 

EL OJO MAYÚSCULO Y EL RITUAL DE LAS GUACAMAYAS

 

Parábola del encuentro y la sanación.

 

Cuando a Él  lo nombraron por unanimidad como el Ojo Mayúsculo de los Encuentros, el aire de la plaza se espesó con un silencio de ámbar. No era un cargo de mando, sino de visión; debía ser el nervio óptico de una tribu que había olvidado cómo mirarse a la cara. Desde lo alto, las guacamayas comenzaron a otear con ojos dadivosos las estelas del poniente, mientras acicalaban sus alas polvorientas y retiraban de la plaza el moho de las concupiscencias.

 

Él, revestido con una túnica de reflejos, tomó el Libro Sagrado de los Abrojos, cuyas páginas de fibras punzantes escocían al tacto. Con un gesto entre la irreverencia y la bendición, lanzó a "los ellos" su escupitajo de salvación: un arco de cristal líquido, una humedad bendita que voló sobre la multitud. Al contacto con la piel, el fluido floreció en colores imposibles —violetas eléctricos, verdes de selva virgen—, transformando la masa monocromática en un jardín vibrante.

 

Mientras tanto, con la maestría de sus gentiles patas, las guacamayas apartaban la hiedra venenosa de las angustias. Entre el canto y el último rap de moda que retumbaba en los muros, ellas masticaban el fango para la sanación de las desventuras, intentando aliviar los dolores estomacales de una ciudad herida por el desprecio.

 

El equilibrio se tensó cuando "los nadie", sombras adheridas a los muros, notaron que el Ojo Mayúsculo se rehusaba a parpadear. Su pupila se dilató hasta que los vigías y consejeros vieron en ese espejo de obsidiana no su sabiduría, sino el frío y el olvido de los desposeídos. Sus monóculos de cuarzo estallaron, convirtiéndose en prismas sobre el barro.

 

El cotorreo ensordecedor de las aves parecía anunciar el juicio: «Las guacamayas son sabias y hacen su incesante repicar de campanas».

 

¡Ya vienen, ya vienen! Ellas olisquean el desaliño de los tiempos. Pero el Ojo Mayúsculo, comprendiendo que su labor de espejo había concluido, decidió al fin cerrar sus párpados. Su descenso trajo una penumbra fértil donde las jerarquías se disolvieron y las manos empezaron a buscarse a ciegas.

 

Las guacamayas se alejaron hacia el soliloquio de los delirios. Se fueron, se fueron... guardando para siempre en sus repiques de campanas el silencio de las mismas palabras. El Ojo se había cerrado para que, por primera vez, los hombres pudieran abrir los suyos. Y en el cielo de Pereira, queda la pregunta: ¿Revelarán alguna vez estas aves el secreto de sus voces, o es el silencio la única raíz común que nos queda?

 

Racsonando Ando ( Oscar Arley Noreña Ríos)

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Comentarios +

Comentarios9

  • ElidethAbreu

    Querido Racsonando.
    Hermosa narración y espero la siguiente.
    Abrazos.

    • racsonando

      Elideth, gracias por tan grata presencia.
      Bendiciones 🙏😇

    • Violeta

      Guao una se queda con ganas de seguir leyendo, esperare la proxima entrega Oscar, gracias.

      • racsonando

        Muy gentil de tu parte.
        Bendecido día.

      • Nkonek Almanorri

        Le agradezco profundamente su escrito. Muy buena, certera y profunda mirada del mundo que, desgraciadamente, estamos destruyendo. Gracias.

        • racsonando

          Mis agradecimientos son para usted, apreciado poeta lector.

        • Dulce

          Hay rituales que nos invitan a mirar hacia adentro, y también cuentos como estos Oscar, ojala se cumpla esa conexión algún día, siempre es un gusto leerte, abrazo alado

          • racsonando

            Dulce, alegría con tu presencia.
            Bendecido día.

          • Salvador Santoyo Sánchez

            Urge estar en sintonía con el canto de las Guacamayas, que nos invitan a cuidar
            nuestro mundo.
            Buenas letras, que nos hacen "Racsonar".

            Saludos estimado poeta amigo Racsonando.

            • racsonando

              Muy agradecido estimado, Salvador.
              Bendecido día.

              • Salvador Santoyo Sánchez

                Igualmente , Buen día
                👍

              • JUSTO ALDÚ

                El texto se presenta como una parábola simbólica de fuerte carga alegórica, donde la figura del Ojo Mayúsculo encarna la conciencia colectiva y la responsabilidad de mirar —y hacer mirar— en una comunidad fracturada. Las guacamayas funcionan como mediadoras rituales entre naturaleza, memoria y sanación, mientras que el contraste entre “los ellos”, “los nadie” y los consejeros evidencia una crítica a las jerarquías, al poder ciego y a la exclusión. El cierre, con el acto de cerrar los ojos para que otros puedan abrir los suyos, resume con acierto la tesis central: la verdadera transformación no proviene del control ni de la vigilancia, sino del reconocimiento mutuo, el silencio fértil y la empatía como raíz común.

                Saludos

                • racsonando

                  Esa es la consideración y consigna dentro de esa realidad que nos corresponde y que, en esencia, se nos dificulta.
                  Muy bien estimado, Justo.
                  Bendiciones para su día a día 🙏🙏

                • El Hombre de la Rosa

                  Preciado y genial tu bellaprosa literaria estimado poeta y amigo Racsonando
                  Saludos de amistad desde España
                  El Hombre de la Rosa

                  • racsonando

                    Muy agradecido 😊
                    Bendiciones en tu día a día.

                  • Lincol

                    Una parábola poderosa donde la mirada, el silencio y lo sagrado revelan la sanación que nace cuando aprendemos a vernos.

                    Saludos.

                  • Nelaery

                    Muy interesante este escrito, Racsonando. Es una prosa poética que nos presenta un mundo que hace contraste con el actual.
                    Aparecen motivos espirituales que ven dentro del ser humano y tienen el don de la sanación.
                    Como muy bien dices, es un llamado a l introspección y empatía con las guacamayas y el mundo que nos rodea.
                    Muchas gracias por compartirlo.
                    Saludos.



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