Amarte es una condena, puesto que incurro
contra el cielo al adorarte como mi deidad,
eres fruta en prohibición y nuestro idilio es de clandestinidad
-entre las brumas-, mujer, tan sólo como yo, ámame
y proyecta las llamas desde tus ojos hacia mi alma
que tiene sed de ti, y alternamente a otro mundo transpórtame,
yo por tu ternura lo acepto todo, seamos uno solo
en el éter de la sensación de nuestra complicidad,
ven siempre a mí enteramente con la determinación
de este amor sin licitud y juntemos nuestros labios
hasta que se abran en ellos sus sangraduras,
dime, mi bien, que aunque el orbe me condene,
y a la pena para morir me sentencien los ecuánimes,
tu benignidad irá inmanentemente junto a mí.
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Autor:
GDA (
Offline) - Publicado: 10 de enero de 2026 a las 03:55
- CategorÃa: Amor
- Lecturas: 32
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Hugo Emilio Ocanto, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., Aqua Marina, William26🫶, Salvador Santoyo Sánchez, JoseAn100, racsonando

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