Cuando miré mi senda desolada,
envuelta en velos de mortal quebranto,
sentí brotar un doloroso llanto
que ahogaba mi alma, ya devastada;
en la noche más negra y despiadada,
donde perdí mi fe, mi dulce encanto,
hallé en mi pecho, bajo el triste manto,
tal fuerza que yace, aún no domada.
Y aunque el dolor me cerca y me subsume
cual ave fénix de cenizas frías,
mi espíritu renace y se consume;
entre sombras encuentro nuevas vías,
y mi ser, que en la lucha se resume,
forja así el alba de prósperos días.
-
Autor:
Javier Julián Enríquez (
Offline) - Publicado: 8 de enero de 2026 a las 15:53
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.