¡Eva en el costado del tiempo!

racsonando

 

¡Eva en el costado del tiempo!

 

Cae intempestivo el rayo.

El paraíso tiembla:
nuevas luces, nuevos sonidos,
furor de brillos refulgentes
que alertan a todos los sentidos.

¿Embriaguez del cielo?

Un titán de celos descorre
cortinas  rojas:
una  manzana verde,
entre dientes.

Aldabas golpean
pecho y corazón,
agitados, complacidos.

Eva sabe:
el paraíso engaña.
No es jardín:
es eslabón.

La serpiente sisea,
cizañosa,
negocia silbidos
por gemidos.

En la cocina,
la cafetera hierve el agua
y el vapor dibuja tu rostro
en el vidrio de la ventana.

Adán despierta
de su sueño profundo:
el costado aún le duele.

Tic-tac.
El reloj lame los minutos.
Los autobuses pasan
cargando sombras sentadas.

—¡La serpiente, la serpiente!— pienso.

¿O habrá sido su propio amor
quien lo ha mordido?

Eva calla en mi costado.
Y de costado, Eva me habla.

No es fruto prohibido:
es dulzura sin pecado original.

En la calle,
los niños persiguen mariposas de cemento.
Un mendigo vende silencios.
Yo los guardo en mis bolsillos rotos.

Eva y Adán,
tomados de la mano,
ya caminan
los peligros
y los contrasentidos.

Yo los miro alejarse.

Apenas soy poesía.

 

Racsonando Ando (Oscar Arley Noreña Ríos)

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  • Autor: Racsonando (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 8 de enero de 2026 a las 15:52
  • Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una relectura del mito de Eva y Adán, no como relato de culpa, sino como experiencia humana que se repite. El paraíso aquí no es un jardín perdido, sino un estado frágil: el instante previo a comprender que amar también hiere.\r\n\r\nLas imágenes bíblicas conviven con lo cotidiano —la cocina, el reloj, la calle— para señalar que la caída no ocurrió una sola vez, ni en un tiempo remoto. Ocurre cada día, cuando el deseo, el lenguaje o el afecto muerden desde adentro.\r\n\r\nEva no es tentación ni costilla: es voz interior, conciencia y memoria. La serpiente no se nombra como enemigo, sino como ambigüedad: puede ser amor, palabra o impulso. Adán despierta herido no por desobedecer, sino por comprender.\r\n\r\nEl poema se asume como tránsito, no como sentencia. Eva y Adán caminan juntos hacia los contrasentidos del mundo, mientras la voz que observa reconoce su límite: apenas es poesía. Y tal vez ahí —en esa conciencia— comience otro paraíso posible.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Freddy Kalvo
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