A la carroñera

Andrik Navarrete Arias

A la carroñera


Escuchen cómo cierto bulto truena
cómo esa seca flora se estremece.
Los crujidos aterrizan al suelo
al tiempo que el bulto desaparece.

La peste se aterra de cierto pájaro,
que devora al bulto que languidece.
En todo tiempo, lugar y buena hora,
vive de la mugre hasta que anochece.

Miremos esa suerte de condena;
Vea usted como al desierto embellece.
No le privan del hambre, pues lo muerto
en sus dominios siempre prevalece.

Solo usted, carroñera, se anticipa
a la peste entre unas redes de espino.
A la peste y cuerpo consume, dama,
hasta contentar su nervio sanguino.

Dichosa dama, bien destriparía
al más grande y pestilente bovino.
Su natura hambre la lleva batir
hasta su trono podrido y genuino.

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