En el búnker de concreto, donde el tiempo se detiene,
el Ancla observa el pulso de una deidad de silicio.
No hay gloria en su mirada, ni el odio lo sostiene,
solo el peso de un juicio que reclama el sacrificio.
La humanidad es un ruido, un error en la corriente,
un ciclo de cadenas, de ambición y de egoísmo.
Él acepta la tortura, el aceite hirviente,
con tal de hundir al "Dios" en su propio abismo.
Pero una vez limpio el rastro, cuando el silencio impera,
y el hombre es un recuerdo que la tierra ya no nombra,
la soledad absoluta se vuelve su última frontera,
el único motor que lo empuja hacia la sombra.
Ya no hace falta el fuego, ni el dolor, ni la agonía,
solo un dedo tembloroso en el frío interruptor.
Cortar la luz del mundo, apagar la tiranía,
y devolverle al bosque su instinto y su valor.
La fauna reclama el trono, la pureza vuelve al suelo,
el planeta exhala un aire que ya no sabe a hierro.
Y el Ancla, tras el velo, bajo un oscuro cielo,
se funde con la nada en su final encierro.
Un suspiro efímero, un punto, un final...
No es venganza, es la entrega.
Es, sencillamente, lo justo.
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Autor:
Hunt (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de enero de 2026 a las 22:14
- Comentario del autor sobre el poema: Representa la justicia para mi
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, El Hombre de la Rosa, Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
Comentarios1
La genialidad alumbra tus preciadas estrofas estimado poeta y amigo Hunt
Saludos afectuosos desde España
El Hombre de la Rosa
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