No empezó con una decisión.
Empezó con un gesto repetido
hasta volverse forma.
El cuerpo aprendió antes que la palabra.
Aprendió a tensarse,
a callar en el momento justo,
a confundir cuidado con distancia.
Lo que después se llamó carácter
fue, muchas veces, una defensa eficaz.
Lo que se sostuvo como fortaleza
nació de no tener otra opción.
Hubo señales.
Siempre las hubo.
Pero mirar también es una forma de riesgo,
y no siempre se estuvo dispuesto.
El tiempo no ordenó nada:
solo acumuló escenas.
Algunas claras.
Otras opacas.
Otras imposibles de nombrar
sin que algo tiemble.
No todo lo aprendido sirvió para vivir mejor.
Algunas estrategias siguieron funcionando
cuando ya no hacía falta.
Persistieron por inercia,
como un músculo que no sabe soltar.
Nombrar no devolvió la calma.
Apenas trazó un borde.
Un límite mínimo
entre lo que se repite
y lo que, tal vez, podría transformarse.
No hay cierre.
Hay restos.
Y en esos restos, a veces,
una forma precaria,
pero suficiente,
de seguir
sin forma todavía.
-
Autor:
MatiasEmmanuel (
Offline) - Publicado: 2 de enero de 2026 a las 12:45
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
Comentarios1
Hermoso y preciado tu genial poema estimado poeta y amigo Matias 22
Recibe un fuerte abrazo de Críspulo desde España.
Feliz entrada del nuevo 2026
El Hombre de la Rosa
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.