Alucines violáceos empapan el refugio del poeta;
su húmeda lengua desciende hasta las entrañas,
anega el espíritu
y cada muro de la mente
se disuelve
hasta extraviar la cordura
y en el solsticio del poema
materializar el sentimiento.
Abre el camino del fuego,
ahuyenta el invierno
de una sociedad que declina;
derriba, para quien escucha,
el puñal de la mentira.
No narra holocaustos:
atestigua la vida.
Entre nuestras ropas
puede exprimirse
el amor que nos calcina.
Arranca las vendas sucias
de la vulgar codicia;
mueren ahogadas la tristeza
y la ira de vivir ciego,
subterráneo,
bajo la opresión cotidiana
que inunda las calles
de ecos de dolor y silencio.
Vino bendito, dulce tormento,
¿qué haces afuera? ¡vamos pa’ dentro!
Habítame con tus corrientes,
con tu follaje de espuma,
que el sabor avinagrado de tu sangre
en la garganta me transforma.
Los pensamientos gusanos de la vida
se vuelven libélulas,
cruzan mis adentros
y vuelan lejos.
Exaltan las estrellas de los amigos muertos,
enharinan la penumbra
y la desgarran.
La boca se despide de su amargura;
el silencio avanza
como hormigas que todo fertilizan.
Abres en mí
nuevos campos del pensamiento.
Placer diligente,
capaz de contenerse en un vaso:
tras un sorbo
podría despedirme de mi mundo.
y sin embargo brindemos por el año venidero...
¡Feliz 2026!

Offline)
Comentarios1
Feliz año nuevo, querida Elizabeth.
abrazos de regocijo por el año que se inicia
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