Elizabeth Maldonado Manzanero

Libélulas en la garganta

Alucines violáceos empapan el refugio del poeta;

su húmeda lengua desciende hasta las entrañas,

anega el espíritu

y cada muro de la mente

se disuelve

hasta extraviar la cordura

y en el solsticio del poema

materializar el sentimiento.

 

Abre el camino del fuego,

ahuyenta el invierno

de una sociedad que declina;

derriba, para quien escucha,

el puñal de la mentira.

No narra holocaustos:

atestigua la vida.

 

Entre nuestras ropas

puede exprimirse

el amor que nos calcina.

Arranca las vendas sucias

de la vulgar codicia;

mueren ahogadas la tristeza

y la ira de vivir ciego,

subterráneo,

bajo la opresión cotidiana

que inunda las calles

de ecos de dolor y silencio.

 

Vino bendito, dulce tormento,

¿qué haces afuera? ¡vamos pa’ dentro!

Habítame con tus corrientes,

con tu follaje de espuma,

que el sabor avinagrado de tu sangre

en la garganta me transforma.

 

Los pensamientos gusanos de la vida

se vuelven libélulas,

cruzan mis adentros

y vuelan lejos.

Exaltan las estrellas de los amigos muertos,

enharinan la penumbra

y la desgarran.

 

La boca se despide de su amargura;

el silencio avanza

como hormigas que todo fertilizan.

 

Abres en mí

nuevos campos del pensamiento.

Placer diligente,

capaz de contenerse en un vaso:

tras un sorbo

podría despedirme de mi mundo.

 

y sin embargo brindemos por el año venidero...

¡Feliz 2026!