La inseguridad de ser diferente
devoraba mi mente, como larvas en carne podrida.
Me convertí en la peste de mi sociedad.
Me señalaron como loco y un pobre insensato;
fui arrojado al abismo de los hombres,
pues ¿quién aguarda a un marchito?
Al borde del vacío, la Soledad
me acogió. Entregó su lealtad a este loco,
como espada para un guerrero caído.
Toda inseguridad fue cercenada por mi espada; la desolación me hizo
aceptar lo que era: un ermitaño.
Y junto a mi aliada, ascendí del abismo.
Mis ojos, con la luz del que despierta,
vieron una sociedad enmascarada,
ocultando sus grietas; su puerta
siempre cerrada a una verdad quebrada.
Comprendí al fin el porqué del exilio:
yo vivía sin miedo al desnudo de mi ser.
Soy abeja en un panal de avispas.
Y así como logré renacer entero,
arrancaré toda máscara que cubra a la sociedad.
Pues no hay peor prisión
que la cárcel de la inseguridad.
—La muerte y el loco.
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Autor:
La muerte y el loco (
Offline) - Publicado: 27 de diciembre de 2025 a las 00:42
- Comentario del autor sobre el poema: Junto a la lluvia cae en la ciudad y mi café amargo. Escribere el silenció que guarda mi sociedad. hasta que yo, el loco, sucumba ante la muerte. Mi gente bella, perdón por mis errores ortográficos. Eh de confesar que nunca han sido mi fuerte jeje, sin embargó, no busco escribir poemas perfectos solo llegar a los demás. Pero me esforzare en mejorar dia con dia.
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, alicia perez hernandez, El Hombre de la Rosa, William Contraponto, Mauro Enrique Lopez Z.

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