El viento de la ciudad sopla como de costumbre, mientras la gente se amontona tras vidrios empañados. Hay un estrépito de risas que a mi puerta no se acerca, y un brindis que resuena en los hogares de los otros lados.
Miro mi mesa desierta, este desierto de madera y frío, donde la angustia se sienta a cenar sin haber sido invitada. Duele el contraste del abrazo ajeno con este vacío mío, y la fiesta del vecino que me hace sentir que no soy nada.
Es un puñal de colores cada luz que en la calle brilla, una burla de paz en una noche que me encuentra roto. Mientras las familias se unen en su orilla, yo naufrago en el centro de este silencio remoto.
Recuerdo aquellas mesas de mi adolescencia, los amigos que me buscaban para no dejarme solo. A ellos les doy las gracias por haberme dado vida, aunque hoy sus sillas vacías sean mi único consuelo.
Ellos me reservaron un lugar cuando el mundo era joven, un espacio que hoy el olvido se empeña en devorar. Brindo por esos recuerdos antes de que se borren, mientras aprendo a aceptar que hoy me toca sangrar.
Que sigan con su alegría de manual y sus ritos de vitrina, que yo me quedo con mi verdad, aunque sea amarga y fría. En esta noche de ausencias, donde la pena camina, mi soledad es el único banquete que todavía es mío.
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Autor:
MatiasEmmanuel (
Offline) - Publicado: 25 de diciembre de 2025 a las 19:38
- Comentario del autor sobre el poema: La soledad duele más cuando se la compara, pero también puede convertirse en un acto de honestidad. Aceptar el vacío propio, sin disfrazarlo con alegrías ajenas, es una forma silenciosa de resistencia y de fidelidad a uno mismo.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: William Contraponto, racsonando, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios2
Yo he sentido, sufrido y vivido esa soledad, ese silencio e incluso ese sentimiento - porque en verdad es un sentimiento - de no sentirme nadie; me ocurrió en los primeros años en que salí de mi casa, con 17 años, e ir a vivir, primero a Inglaterra, Escocia, Irlanda, París, Hamburgo, sentir la soledad de no poder ni tan siquiera contactar con mi familia de ninguna de las maneras: navidades solitarias, sin amistades. Todos aquellos años me reforzaron en muchos aspectos como persona y, de manera muy concreta, me refugié en la lectura y fue lo que ya y para entonces me acercó a la escritura.
Su escrito es, así tal cual, un acto de rebeldía el cual se agradece en nombre, hoy, de toda esa gente que aún estando lejos de sus familias tratan de resistir. Gracias.
Qué valioso testimonio. Me honra saber que mi escrito resuena en tu experiencia de vida. Es cierto que la soledad y el silencio a veces son los que nos empujan hacia la lectura y la escritura, convirtiéndose en nuestra verdadera casa. Gracias por ver en mis palabras un acto de resistencia y por tus palabras de aliento. Te envío un gran saludo
Que sigan con su alegría de manual y sus ritos de vitrina, que yo me quedo con mi verdad, aunque sea amarga y fría. En esta noche de ausencias, donde la pena camina, mi soledad es el único banquete que todavía es mío.
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Para unos puede ser día de alegría y para otros día tristeza, de ausencias, dolor y abandono. Saludos poeta. Tema de reflexión y con la tristeza que tengo se me partió el alma
Alicia, te agradezco mucho tus palabras, aunque me duele saber que estos versos te encontraron en un momento de tanta tristeza. A veces, escribir sobre la pena es la única forma que tenemos de hacernos compañía en la soledad. Te envío un abrazo muy fuerte y todo mi respeto; gracias por permitir que mis palabras te acompañen en este momento tan difícil.
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