El pecho aprende a doler
antes de entender.
Se oprime
al entrar
en lo que no se conoce.
Las palabras caen,
frías,
sin cuidado,
sobre la salud de un hijo.
Y él,
rodeado de cables,
de luces que no duermen,
tan pequeño
que su respiración
parece pedir permiso.
Yo estoy ahí,
frente al vidrio.
El vidrio está frío.
Devuelve mi cara
y no me deja pasar.
No puedo sentirlo.
No puedo tocarlo.
Los monitores insisten,
los médicos cruzan rápido,
y en ese ruido
mi miedo dice:
no me dejes solo.
Su madre no estaba.
No por ausencia,
sino por lucha.
Mientras ella luchaba,
yo confiaba.
Y esa confianza
cayó sobre mí
como algo que no se elige.
Las decisiones pesan.
Llegan de golpe
sobre este padre
que quisiera hacerse pequeño,
desaparecer
en alguna grieta
y volver
cuando todo esté bien.
Pero no se puede huir de un hijo.
No.
El dolor del padre
no hace ruido.
Se queda en el pecho,
aprieta la mandíbula,
aprende a mantenerse de pie
cuando todo por dentro
se cae.
Tiene fe sin testigos.
Saca fuerzas de donde no hay.
Ama
con las manos quietas
contra el vidrio.
Jesús Armando Contreras.
-
Autor:
J. del Umbral. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de diciembre de 2025 a las 15:04
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una experiencia real. Un poema para los padres que aman en silencio, detrás de un vidrio. Cree que la poesía no siempre rima, pero siempre debe decir la verdad.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.