Me fui
porque quedarme era extinguirme en silencio,
porque el miedo ocupaba las mañanas
y la sombra aprendía mi nombre.
Tomé una maleta temblando por dentro.
No llevaba certezas,
solo la decisión de no hundirme.
Un avión me dejó en otro cielo,
como deja la marea
a quien todavía respira.
Alguien abrió una puerta.
No preguntó de dónde venía el cansancio.
Vio manos dispuestas.
Eso bastó.
Barrí pisos.
Ordené cajas.
Aprendí el peso de lo humilde.
Y no me sentí menos.
Con el tiempo,
la historia escrita en un papel
encontró su lugar.
Lo que parecía tránsito
se volvió rumbo.
A veces un sitio es más que paredes:
es el lugar donde un extranjero
recupera su nombre
sin tener que justificarse.
Crecí.
Crecimos.
Entendí que el trabajo también puede ser abrigo
cuando el respeto no se anuncia,
sino que se ejerce en silencio.
Hoy sigo mi camino.
No me voy roto.
Me voy con la serenidad
de quien fue recibido sin preguntas.
Cuando todo parecía estrecharse,
hubo un lugar
donde el esfuerzo bastó.
Y esa memoria —
sobria, firme—
me acompañará
más allá de cualquier frontera.
Jesús Armando Contreras.
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Autor:
J. del Umbral. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de diciembre de 2025 a las 06:21
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una experiencia real vivida como migrante. Es un acto de gratitud silenciosa hacia una casa que me sostuvo. Jesús Contreras.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, EmilianoDR, alicia perez hernandez
- En colecciones: Memorias que cruzan fronteras..

Offline)
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