¡Bienaventurada!

el brujo de letziaga

 

Siempre ella, la inmaculada,
con su mirada que me sabe otorgar,
una paz auxiliadora.
La nunca ajena.

 

La bien hallada
en su basílica, la gran bendecidora,
de bautismos y bodas,
la Virgen, la Virgen mediadora...

 

¡Oh, impoluta María!
que el viento reposa y el mar se calla,
cuando te asomo mi alma,
para llegar a tu Hijo, el esperado Mesías.

 

¡Ay, este mi sentir, que tanto te mira!
Que en ti se refugia,
con este poema que en digna alabanza
te llama ¡Bienaventurada!

 

 

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Comentarios +

Comentarios1

  • mauro marte

    AMEN AMEN AMEN



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