Gris

Manuel Valles

Hoy es un día más, perdido, cuajado por el sol en la turbia quietud de unas aguas difuntas. El crepúsculo llega y me cuenta, con su oficio cargado en mi espalda, los rumores de una muchedumbre que va correteando palomas, con la punta de sus pies apagados. La noche se tiende como un cadáver sobre mi cuerpo. Quedo atrapado nuevamente entre mis cuatro paredes locas y soy felíz porque mi alma anda ciega y mi espíritu se arrastra, enfermo, en el lodo de la dicha inútil. Nada sé. Mis ojos abren y cierran sus ventanas sucias hilando su telar de imágenes pobres en el amplio polvo de las cortinas. Los días vendrán y se apretarán como un cinturón cerrado, y para que sigan girando sobre su eje, se ahondará el vacío enorme de una sonrisa, enmarcada en el flaco rostro de las gentes. 

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • JUSTO ALDÚ

    El texto despliega una atmósfera densa, casi irrespirable, donde el hastío se convierte en paisaje y la existencia parece reducirse a una sucesión de escenas gastadas. La voz narrativa, encerrada entre paredes que ya rozan la demencia simbólica, experimenta una paradoja inquietante: una felicidad turbia nacida de la ceguera, del estancamiento emocional. El crepúsculo, la multitud apagada y la noche-cadáver funcionan como espejos de un estado interior que se siente atrapado y resignado. El cierre, con esa sonrisa hueca en el rostro de la gente, subraya la sensación de vacío colectivo, como si la rutina fuese una maquinaria que sigue girando a costa de vaciar el alma.

    Saludos

    • Manuel Valles

      Saludos, estimado JUSTO ALDÚ. Este poema lo escribí intentando ponerme en los ojos de una persona con depresión, así que muy acertado tu análisis. Gracias por ello. Un saludo, mi estimado poeta.



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.