Casa abandonada

Manuel Valles

a Jesús

 

El tiempo me recibe en la estancia

con su mano tendida en el polvo.

Hay un halo de luna atrapado

en las viejas telas de la infancia.

 

La tristeza de junio se agolpa

y anuda lágrimas en los ojos

deshilados y hondos de la alfombra.

 

Pongo mi cansancio en una silla

y desde la escena de su enfado

escucho que gruñen las polillas.

 

La mesa está en un negro letargo

y en su brozna madera hay un plato

rebosante de gusanos secos.

 

La tarde es un brote de ictericia

-con su lengua enferma en las paredes-

El salitre abre su grande boca

devorando pintura y ladrillos.

 

Hay escobas conversando, tristes,

en un lenguaje que araña el suelo,

puestas en el sitio más ocioso

de un caído cobertizo en ruinas.

 

Hay cierta nostalgia en el ambiente,

como lloriqueo de fantasmas 

o una mataperrada de duendes:

voces ocultas en esta casa.

 

La humedad es una ancha lágrima 

que deja su aroma en los camastros.

La herrumbre es una costra pegada

en los tímpanos del crepúsculo.

 

Hay una puntualidad de sombras.

Oigo un sollozo conteniéndose,

atrapado en las cosas inertes:

es la hora solemne de difuntos.

 

¡Oh, almas limpias del purgatorio!

 

Reuníos en torno a este abandono

-cobijo decumbente del polvo-

y guardad para siempre las horas 

que el tiempo aprisionó en esta casa. 

 

 

 

 

 

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    Hermoso y genial tu poema estimado compañero de letras poeta y amigo Manuel Valles
    Abrazos de críspulo desde España
    El Hombre de la Rosa

    • Manuel Valles

      Muchas gracias amigo, poeta de la bella España, por leer este poema que salió no solo de mi alma, sino de un gusto personal que tengo por las casas abandonadas. Un abrazo, mi estimado Críspulo, desde México.

    • LOURDES TARRATS

      Amigo Manuel.
      Tu poema es nostálgico, pero muy profundo,
      Este poema es un descenso lento y solemne por las habitaciones de la memoria, donde el tiempo no fluye, sino que se estanca en los objetos y en los silencios. El poeta, poseído por una nostalgia lúgubre, construye un escenario en el que lo doméstico se vuelve espectral: cada rincón de la casa está habitado por la ruina, el abandono y el eco de lo que fue. La imagen del “plato rebosante de gusanos secos” o las “escobas conversando, tristes” revelan una mirada aguda, casi mística, que dota a lo inerte de una voz que llora. En este templo del olvido, el poeta no sólo rememora; convoca. Su palabra es rito, y su nostalgia, un llamado a las almas del purgatorio para custodiar el polvo sagrado de una historia que se niega a morir.
      Gracias por compartir.
      Saludos,
      -LOURDES
      Poetas somos


      • Manuel Valles

        Hola Lourdes: muchas gracias por tu análisis de este poema. Es acertado lo que comentas. Déjame contarte algo: este poema lo escribí hace tiempo, ahora lo publicó aquí un tanto modificado para que quepa en la métrica, ya que el original está escrito en verso libre. Es, de todo lo que he escrito hasta el día de hoy, el poema que más quiero, ya que conjuga mis dos pasiones: la poesía y mi gusto por la exploración urbana de casas abandonadas. Este poema narra lo que van viendo mis ojos en cada exploración. Para mí, una casa abandonada es como un telar en donde va uno tejiendo historias, soñando escenas, oyendo ecos de voces atrapadas, etc. Agradezco mucho tus palabras y que te tomes el tiempo de leer lo que escribo. Me honras con tu presencia en mi perfil. Abrazos, poeta y amiga.



      Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.