El carpintero con sus manos daba forma a su madera,
la madera mansa se rendía a su oficio
pues sabía que de ser árbol a ser forma
sería solo a su magistral y santa manera.
La madera era su vida y su sacrificio,
era su pan de cada día y el alma que revelaba por fuera.
El carpintero latía vida y obra junto a su sabia,
y ella, sabia de su verdad, de su descendencia perfecta,
sabía cuanta ternura en sus manos ponía,
mas sabía que con dolor un día sería su sentencia.
La madera y el carpintero serían solo uno, algún día.
Aquel día próximo en que la arrastraría hacia su ascendencia
con sangre en sus hombros y en la sien, corona de espinas.
Los clavos atravesarían sus buenas manos ante el asombro
de cruel paradoja de un mundo con injusticia,
el carpintero, derramó todo su cáliz sobre la madera
y con ella construyó tantas cosas en la vida,
pero nunca una cruz que nadie llevar pudiera.
Y aquella cruz donde el carpintero se moría
volvió una vez más a él, porque siempre fue su madera.
Era su madera, sobre la cual entregaba su vida.
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Autor:
Elhen Amorado de Lahvida (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 1 de diciembre de 2025 a las 19:28
- Comentario del autor sobre el poema: Una paradoja de las tantas que contiene la vida de este carpintero tan especial que tanto hizo con la madera para ganarse la vida, que terminó entregándola sobre ella.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 21
- Usuarios favoritos de este poema: benchy43, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., Poesía Herética, El Hombre de la Rosa, rosi12

Offline)
Comentarios1
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 30'16 AMEN!! BENDICIONES!!
Hola Alicia! Muchas gracias. Bendiciones para vos también.
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