Hay manos que rondan la mesa del destino
como ladrones de feria buscando
la chispa ajena,
ese polvo de estrellas que no supieron crear.
Extienden sus dedos de humo,
sus sonrisas de escaparate,
sus trucos viejos envueltos en celofán digital,
creyendo que pueden arrancar
la raíz que no sembraron.
Pero la magia —la verdadera—
no es moneda de cambio ni trofeo de vitrina.
Es una criatura testaruda,
una brújula con hambre de nombre,
que reconoce el pulso que la llamó
cuando aún era apenas un temblor en la sombra.
La varita, por más que la oculten,
por más que la disfracen de plástico barato
o la exhiban como botín
en el mercado gris de egos prestados,
no se deja secuestrar.
Vibra.
Se inquieta.
Tiembla hacia el lugar
donde late su dueño verdadero.
Porque lo que es de uno,
aunque lo entierren bajo los ruidos del mundo,
aunque lo maquillen con sellos ajenos,
regresa.
Tiene memoria de raíz
y un instinto feroz de pertenencia.
Tarde o temprano abre túneles en el tiempo,
rasga la niebla,
derriba los nombres falsos
y vuelve a posarse en la mano que la soñó.
Así, mientras algunos intentan
hurtar voz, impronta o destino,
el universo se acomoda, la capa sonríe,
y recuerda la regla más antigua:
la magia reconoce a su creador,
la palabra vuelve a su poeta,
y la varita —siempre—
elige a su mago.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2025
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de noviembre de 2025 a las 15:22
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 46
- Usuarios favoritos de este poema: Freddy Kalvo, mauro marte, Hernán J. Moreyra, Llaneza, Javier Julián Enríquez, benchy43, WandaAngel, Maxi Aristarán, LOURDES TARRATS, rosi12, Carlos Baldelomar, Lualpri, Tommy Duque, racsonando, Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez, ElidethAbreu, **~EMYZAG~**, El Hombre de la Rosa, Poesía Herética, Emilia🦋, JoseAn100, Fabio de Cabrales, Nelaery, Rafael Escobar, Jaime Correa, William Contraponto, Mª Pilar Luna Calvo

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Comentarios8
Así, mientras algunos intentan
hurtar voz, impronta o destino,
el universo se acomoda la capa, sonríe,
y recuerda la regla más antigua:
la magia reconoce a su creador,
la palabra vuelve a su poeta,
y la varita —siempre—
elige a su mago.
Certero y contundente cierre en tus versos mi estimado JUSTO ALDÚ. Creo entender su intención...
jejeje Cualquier similitud, es mera coincidencia mi hermano. Nuestros estilos son inconfundibles. En literatura hay lo que se llama "registros", pero bueno.
Seguimos. Ayer no concurrí a tu esperado acertijo, estaba en la calle de compras, aunque no sé ni para qué digo "de compras" si de compras estaban ellas: Mi esposa y mi hija menor. Yo era el esclavo cargador de paquetes 😂
Gracias por leerme y comentar.
Un gran abrazo,
Espléndido, amigo Justo. Encantado, una vez más, de visitarte.
Abrazos.
Hola benchy amigo, gracias por comentar.
Hoy tengo un poco más de tiempo para leer.
Un abrazo hasta Argentina.
Justo, amigo.
Con verdadera y admirable claridad este poema revela una verdad que rara vez nombramos: lo auténtico no puede ser robado, porque aquello que nace de la interioridad —del temblor inicial, de la raíz íntima— no se reproduce por imitación ni por deseo ajeno.
La forma en que describes a esas “manos que rondan la mesa del destino” revela no solo un juicio estético, sino una comprensión ética: hay quienes buscan apropiarse del brillo que nunca trabajaron, del fuego que no encendieron. Pero la magia creadora, vista aquí como fuerza indomesticable, posee memoria propia y un sentido infalible de regreso.
Me brillo de orgullo especialmente cómo planteas que la verdadera obra —la palabra, la visión, la impronta— tiene una especie de brújula interna que vibra al reconocer a su origen. Esa idea rescata una noción añeja y poderosa: lo que nace del alma solo responde a quien lo engendró.
Ese cierre que le das, con esa afirmación casi ceremonial de que la varita elige a su mago, eleva el poema de una reflexión sobre la autoría a un manifiesto sobre la autenticidad.
Es un texto que no acusa: y es maravilloso.
Un poema brillante —y necesario.
Muchos abrazos de parte nuestra, y me alegra que madre e hija anden por ahí gastando dinero.
Yo también tengo que ir de compras…
—LOURDES
Querida Lourdes,
qué gozo leer tus palabras, tan afinadas como una campana que conoce exactamente en qué aire debe vibrar. Tienes toda la razón: lo auténtico no se hurta ni se replica; nace donde debe nacer, como una brasa que reconoce el pulso de la mano que la encendió.
Me alegra profundamente que en La varita elige a su mago hayas visto esa brújula secreta que late en toda creación verdadera. Tú lo expresas con exactitud luminosa: hay un fuego que no tolera impostores, un hilo que sabe volver siempre a su telar. Y sí, la magia creadora —esa criatura indómita— acaba encontrando a quien le dio nombre, como si llevara en su corazón un código ancestral.
Gracias por tu lectura tan generosa, tan certera y tan bella. Es un regalo que el poema te haya hablado sin herir, sin acusar, simplemente afirmando su verdad como quien deposita una llave en la palma adecuada.
Un abrazo grande para ti y para las viajeras del derroche feliz.
Y que esas compras tuyas vengan con risas, hallazgos y alguna chispa de magia que también te elija a ti.
Saludos amiga.
Así, mientras algunos intentan
hurtar voz, impronta o destino,
el universo se acomoda, la capa sonríe,
y recuerda la regla más antigua:
la magia reconoce a su creador,
la palabra vuelve a su poeta,
y la varita —siempre—
elige a su mago.
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Estimado amigo Justo...
Sería tan genial y apropiado que así fuera, pero lamentablemente los años y la experiencia me han y me siguen demostrando lo contrario, por ende tengo mis grandes dudas, por no afirmar que he perdido casi todas las esperanzas que así sea.
Quiera Dios que me equivoqué y la vida me de vida para lograr verlo.
Te mando un sincero y fuerte abrazo, agradeciendo desde ya tus letras.
Cuídate!
Luis.
Querido Luis,
Te comprendo más de lo que imaginas. La vida —esa maestra que enseña sin pedir permiso— suele mostrarnos el lado menos luminoso de las cosas: plagios sin pudor, máscaras que se apropian de lo ajeno, ecos que se disfrazan de voz. Y sí, es cierto: no siempre triunfa la justicia creativa en el tiempo que uno desearía… a veces ni siquiera en nuestra propia vida.
Pero aun así, con toda suavidad te comparto mi postura: aunque existan imitadores hábiles y oportunistas pacientes, la esencia de una creación no se puede calcinar ni transplantar. Se puede copiar la forma, pero no el pulso; se puede repetir el gesto, pero no el fervor que lo originó. Cada creador lleva un temblor propio, una arquitectura interna que no puede falsificarse sin que tarde o temprano se note la grieta.
He visto textos brillantes apagarse cuando fueron robados… y he visto también obras humildes levantarse porque su autenticidad hablaba por sí sola. No porque el mundo fuera justo, sino porque el tiempo, con sus mareas tercas, acaba separando el oro del oropel.
Tal vez no siempre lo vemos acontecer en vivo. A veces esa justicia creativa actúa en silencio, lejos de nuestra vista. Pero actúa. Porque —aunque la experiencia te haya herido— sigo creyendo que la palabra conoce a su casa, como el pájaro conoce el árbol donde nació.
Ojalá, amigo, la vida te regale el momento de verlo con tus propios ojos. Y si no, que al menos te quede la calma de saber que lo auténtico no necesita testigos para ser verdadero.
Te envío un abrazo enorme y agradecido, con todo mi aprecio y respeto.
Gracias hermano.
Yo también siento un gran y verdadero respeto por ti.
Cuídate mucho y ten un excelente comienzo de semana.
Luis.
Querido Justo;
despliegas una comprensión profunda del acto creativo como un pacto sagrado entre el poeta y su universo interior. Me conmueve cómo, frente a quienes intentan apropiarse de la voz o del destino ajeno, el poema afirma con serenidad una justicia cósmica: la magia siempre sabe a quién pertenece.
La imagen de la capa que sonríe y de la varita que elige a su propio mago es poderosa, casi mítica; evoca la idea de que cada creador porta una huella inimitable, un designio que no puede ser robado ni imitado.
En esa circularidad: la palabra que vuelve a su poeta, hay una reivindicación luminosa del origen, de la autenticidad y del vínculo inviolable entre la imaginación y su verdadero dueño.
Recibe mis afectos y felicitaciones por el abordaje del tema y su dialéctica.
Querida amiga, muchas gracias por tus palabras tan generosas y por la lectura atenta que hiciste del texto. Me alegra que hayas encontrado en él esa reflexión sobre la autenticidad y el vínculo entre la creación y quien la origina. Coincido plenamente contigo en que cada voz tiene una huella propia que no puede copiarse, y que lo verdadero siempre termina encontrando su lugar, más allá de intentos ajenos por apropiarse de lo que no les pertenece.
Aprecio mucho tu mirada y el tiempo que te tomaste para expresarla con tanta claridad y calidez.
Recibe un abrazo grande y mi sincero agradecimiento.
Hermoso y genial tu bello poema estimado poeta y amigo Panameño Justo Aldú
Abrazos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias Críspulo por leer y comentar el poema.
Saludos hasta España...
Un hermoso contrapunto a la hipocresía que fondea en el mundo, siempre armada de fina sutileza para engañar a los ingenuos, arte que va desapareciendo gracias a quienes se dedican a desenmascararla como lo haces tu con tu poema. Mis felicitaciones viajan hacia ti con mi sincera admiración y mi fraterno abrazo lleno de aprecio a tu generosa amistad.
Muchas gracias por leer y comentar mi estimado Rafael
Un fuerte abrazo
De nada sirve robar lo que es ajeno.
Lo auténtico se nota desde el principio.
Cada uno tiene su estilo particular que lo diferencia de los demás.
Muchas gracias por compartirlo, Justo.
Saludos.
Tienes toda la razón. Y se nota en los "registros", en la marca personal, en la forma de exponer las metáforas, en el léxico.
Gracias amiga por tu lectura y comentario.
Saludos
Gracias a ti, Justo.
Saludos.
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