La hora del crepúsculo

Manuel Valles

Cae la luz del día 

en los congelados párpados del agua.

Llega y se pega en las paredes viejas

y en el sueño ligero

de los utensilios dormidos en la mesa.

En aquellos trastos sombríos, sin alma,

arrumbados

en el rincón mohoso de las desdichas.

Su presencia duerme

en el cuerpo sudoroso del hastío;

agiganta el cochambre

de los muros umbrosos.

La tarde revienta el mugrero acumulado

en una vieja y parda celosía;

es entonces que el desacierto

se licua en mi boca

como un discreto

manojo de pesadumbre.

 

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Comentarios +

Comentarios1

  • JUSTO ALDÚ

    Tu poema ofrece una atmósfera cargada y perfectamente lograda, donde la luz declinante no ilumina, sino que revela el abandono silencioso de un espacio saturado de tiempo. La escena funciona como un espejo emocional: los objetos dormidos, los muros oscuros y la celosía envejecida construyen una imagen potente de desgaste interior. Lo más interesante es cómo el entorno se vuelve casi orgánico, respirando hastío y acompañando el peso íntimo del hablante. El final, con esa pesadumbre que “se licua en la boca”, consigue cerrar el texto con una sensación de melancolía profunda, muy bien sostenida por la progresión de imágenes.

    • Manuel Valles

      Un saludo, mi estimado poeta, muchas gracias por tu análisis de este poema. Gracias por echarle un vistazo a mi poesía. Saludos desde México.

      • JUSTO ALDÚ

        Manuel, cuando me alcanza el tiempo considero un deber devolverle al escritor su esfuerzo.

        Saludos desde Panamá.



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