Cae la luz del día
en los congelados párpados del agua.
Llega y se pega en las paredes viejas
y en el sueño ligero
de los utensilios dormidos en la mesa.
En aquellos trastos sombríos, sin alma,
arrumbados
en el rincón mohoso de las desdichas.
Su presencia duerme
en el cuerpo sudoroso del hastío;
agiganta el cochambre
de los muros umbrosos.
La tarde revienta el mugrero acumulado
en una vieja y parda celosía;
es entonces que el desacierto
se licua en mi boca
como un discreto
manojo de pesadumbre.
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Autor:
Manuel Valles (
Offline) - Publicado: 29 de noviembre de 2025 a las 03:55
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 27
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., William Contraponto, racsonando, JUSTO ALDÚ, ElidethAbreu, Salvador Santoyo Sánchez, benchy43

Offline)
Comentarios1
Tu poema ofrece una atmósfera cargada y perfectamente lograda, donde la luz declinante no ilumina, sino que revela el abandono silencioso de un espacio saturado de tiempo. La escena funciona como un espejo emocional: los objetos dormidos, los muros oscuros y la celosía envejecida construyen una imagen potente de desgaste interior. Lo más interesante es cómo el entorno se vuelve casi orgánico, respirando hastío y acompañando el peso íntimo del hablante. El final, con esa pesadumbre que “se licua en la boca”, consigue cerrar el texto con una sensación de melancolía profunda, muy bien sostenida por la progresión de imágenes.
Un saludo, mi estimado poeta, muchas gracias por tu análisis de este poema. Gracias por echarle un vistazo a mi poesía. Saludos desde México.
Manuel, cuando me alcanza el tiempo considero un deber devolverle al escritor su esfuerzo.
Saludos desde Panamá.
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