Manuel Valles

La hora del crepúsculo

Cae la luz del día 

en los congelados párpados del agua.

Llega y se pega en las paredes viejas

y en el sueño ligero

de los utensilios dormidos en la mesa.

En aquellos trastos sombríos, sin alma,

arrumbados

en el rincón mohoso de las desdichas.

Su presencia duerme

en el cuerpo sudoroso del hastío;

agiganta el cochambre

de los muros umbrosos.

La tarde revienta el mugrero acumulado

en una vieja y parda celosía;

es entonces que el desacierto

se licua en mi boca

como un discreto

manojo de pesadumbre.